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jueves, 20 de junio de 2019

Algunos libros de la Feria del Libro 2019, paseos variados, apresurados y con niños


Algunos libros de la Feria del Libro 2019

Este año no he tenido libro nuevo y me he librado de firmar en la Feria, a donde creo que me había tocado acudir durante los últimos tres años. Firmar en la Feria tiene algo de bonito y de incómodo a la vez, así que no ir tiene un punto de alivio importante. En esta Feria 2019 me he podido concentrar en pasear como lector, y ya sabemos lo que es la Feria, ya sabemos que es algo ajeno a la literatura, a veces hasta a la venta de libros con un poco de sentido, muchas veces es un lugar en el que los youtubers o personajes que no logro descifrar quiénes son reúnen a su alrededor grandes colas, de esas que salen del paseo donde están las casetas y dan la vuelta a la esquina, mientras autores serios, buenos, pasan las horas con un botellín de agua y el boli en la mano esperando que llegue la hora de marchar. El domingo 9 estuve por allí y Sara Mesa, una de las mejores escritoras de España, veía cómo se acercaban pocos lectores, sin prisas ni demasiada frecuencia, mientras en otra librería decenas de personas esperaban a que empezara a firmar una tal Charuca. Dejo todo eso al margen, porque ya lo sabemos, y es parte (aunque sea la parte malsana) del encanto de la Feria.
Me centro en los libros. No todos los que voy a comentar me los he comprado, por supuesto, porque los libros alimentan el espíritu, pero también necesitamos el dinero para alimentar el cuerpo, y los libros ocupan mucho sitio y los compro con precaución, y siempre recurro a la biblioteca pública como lugar preferente de suministro de lecturas.
El primer fin de semana me fijé en:
Editorial Hoja de Lata: Illska, La Maldad, ya hice reseña de este libro que leí con prisa y sin pausa y que aún me está produciendo ardor de estómago. Una pasada, una pasada incómoda, añado. Un libro diferente, impactante, que se recuerda.
Libros del Asteroide: A finales del año pasado me impresionó bastante La casa de los lamentos: Crónica de un juicio por asesinato, de Helen Garner (Libros del KO). Me resultó un libro apasionante y que construía, sobre una de esas historias que parecen de las de película de sobremesa de domingo en la televisión, una novela de no – ficción que no incurría (no demasiado, al menos) en amarillismos. Asteroide ha publicado ahora una selección de crónicas de la autora titulada Historias reales, que hablan de toda clase de temas, cercanos a la vida y a la muerte, parece que con inteligencia y buen estilo. Siguiendo con la no – ficción, Nada más real que un cuerpo: Un asesinato y unas memorias, de Alexandria Marzano – Lesnevich, parece un libro terrible pero que puede merecer la pena leer. Y termino con otro cuaderno personal, Maniobras de evasión de Pedro Mairal. No me han gustado especialmente las novelas que Asteroide ha editado de Mairal y que tan buenas críticas han tenido (La uruguaya y Una noche con Sabrina Love), me parecieron libros que sí, estaban bien, pero sin más. Abrí este libro con ejercicios de estilo, que algo así parecen, en la caseta de la editorial, y sí noté que me apetecía seguir leyéndolo. Apuntado lo dejo.
Gallo Nero: El Giro de Italia, de Dino Buzzati. Una joyita, ya lo comenté hace un par de semanas.
No hace falta tener interés ni conocimientos de ciclismo para disfrutarlo. Buzzati no lo tenía cuando lo mandaron a escribir estas crónicas e hizo un libro maravilloso. Algo parecido pasará con Los indómitos de la montaña, del mismo Buzzati, que sí fue toda su vida un apasionado del montañismo. Y cambiando de escritor y deporte, El profesional, de W.C. Heinz, y saltando ahora de editorial, El combate, de Norman Mailer, este de la editorial Contra.
Alianza: Es un lujo el fondo con el que acuden a la Feria estos editores (algo que no hacen otras muchas editoriales, y que creo que es el sentido de un acontecimiento así, poder ir a por libros que normalmente es más difícil encontrar). Los libros (libritos) de Peter Handke valen pocos euros y es verdad que tienen pocas páginas pero dejan huella. Me vale lo mismo con los de Albert Camus o J.D. Salinger. Por poner títulos y que no sean los de siempre: Desgracia impeorable o Ensayo sobre el jukebox de Handke, La caída de Albert Camus, Levantad carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, de Salinger. Celebro también que hayan reeditado La saga / fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester, un clásico que releeré este verano (si no se me cruzan otras cien lecturas por delante). Enlanzando con Buzzati, quien no haya leído El desierto de los tártaros que no deje pasar la oportunidad de tenerlo, leerlo y releerlo.
Para niños: El origen de las especies, de Charles Darwin, por Sabina Radeva, en Harper Collins. Mi hijo mayor es un biólogo aficionado de alto nivel y decidimos que era el momento de darle un poco de base teórica a sus conocimientos, y este libro, precioso, muy bien ilustrado y que maneja perfectamente el equilibrio (tan difícil) entre rigor y divulgación para niños, es estupendo. Un acierto.
El segundo fin de semana acudí con menos tiempo y me concentré en buscar:
Svetlana Aleksiévich: Cuando le dieron el Premio Nobel en 2015 todos mis prejuicios se activaron. Pensé, me temo, que habían ido a buscar a la periodista más desconocida del país más exótico que se les había ocurrido, en este caso de Bielorrusia. Pese a esas ideas preconcebidas, cogí de la biblioteca y leí El fin del Homo sovieticus (Acantilado), y me pareció un libro muy interesante, un artefacto narrativo (aunque quizá no sea especialmente narrativo) muy potente, explosivo, en el que la autora jugaba a desaparecer de manera casi total y dar la única voz a los protagonistas, a esos restos del “Homo sovieticus” que añoraban unos tiempos que para el resto de la humanidad no parecían precisamente envidiables. Incluso aquellos que no los añoraban tenían recuerdos de ellos, y los contaban, como si se tratara de un documental en el que iban pasando uno tras otro ante la cámara e iban recordando sus años de juventud. Con el éxito de la serie de televisión Chernobyl (que no he visto, pero de la que he oído contar todas las maravillas imaginables, todas esas maravillas que se repiten mensualmente sobre al menos dos o tres series) me apeteció leer su libro Voces de Chernobyl, en el que parece que se inspira la serie. Fue un deseo compartido por muchos lectores, ya que el libro estaba agotado en la caseta de la editorial y en todas las librerías en las que pregunté. Me quedé con Últimos testigos: los niños de la Segunda Guerra Mundial, que repite el esquema y la operativa de El fin del Homo Sovieticus y me está gustando mucho.
Fulgencio Pimentel: Fascinado como me encuentro con Dovlátov desde el principio de este año, decidí ir engordando mi biblioteca del autor con los que para mí son hasta ahora (de las que yo he leído hasta ahora) sus dos mejores obras: Retiro y La maleta. Pude hablar con el editor (o uno de ellos) y me anunció que la intención es ir editando todas las obras de Dovlátov, que la siguiente sea seguramente Los nuestros y no tardarán mucho en editar ambién La zona. Me alegro. Y vuelvo a recomendarlo. Ya que estaba allí, estuve ojeando otros libros de la editorial y me fijé en El libro del agua, unas memorias de Edvard Limónov, que estuvo firmando todo el fin de semana. Limónov no me interesa como escritor, y en las entrevistas parece un personaje en el peor sentido del término, y creo que todo lo que quería saber sobre él ya lo leí en el libro de Emmanuel Carrère (Limónov, Anagrama).
Astiberri: El invierno del dibujante, de Paco Roca, habla de una época de un gris con un tono bastante oscuro y de un puñado de pioneros, los dibujantes de cómic ligados (en mayor o menor medida) a la editorial Bruguera. Mercenarios a sueldo que escribían sin parar y que crearon a algunos de los personajes más populares del tebeo español de las décadas de los 50, 60 y 70. Hay impagos, trampas, cuestiones personales, creatividad y ternura. Es muy divertido, y descubrí una novela gráfica de aventuras del propio Roca (y Guillermo Corral), que no conocía y que tiene muy buena pinta y me recordó a Tintín por su línea de dibujo y ambientación. Se llama (y el título también suena al personaje de Hergé) El tesoro del cisne negro.
El último fin de semana de la Feria busqué algunos regalos para despedirme por este año:
Shirley Jackson: Es una de esas escritoras rescatadas de décadas de desmemoria (aunque nunca completa, pues algunos de sus cuentos o novelas nunca han dejado de aparecer en antologías y muchos autores muy populares siempre la han reivindicado como una importante influencia). El año pasado me compré y leí Cuentos escogidos (Minúscula), y este año he completado con Deja que te cuente (Minúscula), un libro que reúne más relatos, inéditos o poco conocidos, ensayos y simples notas. Los dos están muy bien, aunque siempre recomendaría empezar a leer a la autora por el volumen de Cuentos escogidos.
Sergio del Molino: No me posee la mitomanía, pero en los últimos años he ido leyendo más o menos todo lo que ha publicado Sergio del Molino, sigo sus columnas en prensa, escucho su Biblioterapia y sigo el programa de La Cultureta en el que es colaborador. Me apetecía acercarme a saludarlo, ya que vi que iba a estar firmando, y aproveché para comprar La memoria de los peces, que ya leí de la biblioteca, que probablemente no es su mejor libro, pero que no tenía, y es, sin duda, una novela con encanto, una de esas obras menores (quizá) que se te quedan en la memoria lectora.
Gadir: Un amor, de Dino Buzzati. Buzzati, aparte de novelista y periodista, fue desarrollando en la década de los sesenta su faceta como dibujante. Gadir tiene editado este libro, que es una rareza, una novela gráfica que recrea, en un prostíbulo y con músicos de rock, el mito de Orfeo y Eurídice.
Para niños: Tenemos en casa y le hemos sacado mucho partido a una vieja edición de los Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari. Rodari es una maravilla para los niños, imaginativo, un poco loco, y eterno. Y sus cuentos, muy divertidos, fomentan valores contrarios al materialismo y al consumo desbocado y lo hacen sin caer en lo obvio, sin resultar pedagógicos ni pesados. Simplemente muestran un mundo inocente y lleno de juegos, mejor que el nuestro. Paseando por la Feria nos encontramos con que Blackie Books había recopilado varios de sus libros de cuentos en un único volumen, Libro de la fantasía: los mejores cuentos. Creo que cualquier niño será siempre un poco más feliz con buenos cuentos a mano, y estos son estupendos.
Hoja de Lata: Una historia popular del fútbol, de Mickaël Correia. Hace años que me despegué del fútbol como un interés prioritario. Creo que incluso podría decir que como un interés. Veo, sin embargo, todo lo que mueve, en cuanto a temas materiales (dinero, corrupción) y sentimentales (pasiones). Creo realmente que sirve y se utiliza como narcotizante. Me da rabia que sea así, que mucha gente que debería estar protestando y preocupada por muchas circunstancias de su vida solo lo esté por el resultado de su equipo de fútbol el domingo que viene o por el siguiente galáctico que será fichado. Y me interesa también cómo ha cambiado la relación de la intelectualidad y la izquierda con el fútbol en las últimas tres décadas (más o menos, creo que Vázquez Montalbán tuvo mucho que ver en que ahora no haya escritor que no presuma de equipo de fútbol preferido). Y pensé que este libro trataría, al menos parcialmente, algunos de esos temas, y por eso decidí cerrar con él esta Feria del Libro 2019.

Seguiremos leyendo

Felices lecturas

Sr. E



lunes, 30 de julio de 2018

Mandíbula, de Mónica Ojeda


Mandíbula, de Mónica Ojeda (Candaya)

Uno de los libros que me compré en la última Feria del Libro fue Mandíbula, de Mónica Ojeda. Ya había oído muy buenos comentarios sobre la anterior novela de esta autora ecuatoriana, Nefando, aunque no he podido leerla, y decidí empezar por esta, de la que me dijeron que era más madura, con una voz y una construcción más propias, con unas influencias igualmente sólidas pero quizá menos evidentes.

La mandíbula, como ya sabemos, es el nombre que recibe cada una de las dos piezas óseas o cartilaginosas que forman la boca de los vertebrados, y en las que están encajados los dientes. La idea de la mandíbula de un cocodrilo o de un tiburón nos remiten a un mundo agresivo de bocados y de los más fuertes devorando a los más débiles. La novela juega con esa idea de quién devora a quién, de mordiscos, trozos de carne arrancados, dolor, sangre.

Mandíbula toma la forma, por momentos, de una novela de terror, algo casi de género. Sirve, además de como narración, como lectura – contenedor de ideas que vienen apareciendo en el género desde Poe y Lovecraft, incluso desde el Moby Dick de Melville, pasando por Stephen King y llegando a las narraciones basadas en leyendas urbanas que se amontonan en internet casi desde sus primeros días. La idea central de la novela no es, sin embargo, la del terror. Aunque hay mucho terror, del psicológico, del que se sugiere, del que nace de la cotidaneidad. ¿Qué hay más cotidiano que una madre y una hija? ¿Qué hay a veces más envenenado que la relación entre ellas? Ahí está la clave de la novela, en cómo las madres ven a las hijas como amenazas que crecen, cómo hay madres que temen a sus hijas, madres que cortan el crecimiento de sus hijas, conflictos de todo tipo, violencias larvadas y violencias bastante explícitas, rencores, hipocresías. ¿Y qué hay de las madres que no son madres y ven en su profesión de profesora una idea sustitutiva de la maternidad? ¿Por qué esa profesora se viste exactamente como su madre, que también fue profesora, con su misma ropa y complementos, con sus peinados?

Tener hambre era alojar la nada y escuchar regurgitar anfibios en su estómago. Una vez, en el patio del edificio, Natalia cumplió el reto de llevarse a la boca los renacuajos de la charca.

Esa profesora, Miss Clara, llega nueva a un colegio privado, bilingüe, religioso y disciplinado, para impartir Literatura. Viene de una mala experiencia (una malísima experiencia) que no es capaz de sacarse de la cabeza ni de superar. En su anterior colegio, dos alumnas (las M&M´s) llegaron a colarse en su casa, secuestrarla y vejarla. Temió por su vida, pero lo peor, o eso me ha transmitido la lectura en todos los momentos en que se vuelve a este punto, fue la sensación de vulnerabilidad y exposición. No acaba de relajarse ante sus nuevas alumnas, algunas de las cuales son retorcidas, y ellas lo notan.

Un grupo de estas alumnas, de clase acomodada (muy acomodada), pero medio abandonadas por sus padres, por distintos motivos, encuentran en una casa vacía un lugar isla – refugio – puerta al vacío, donde empiezan a reunirse todas las tardes, aunque luego ya no puede ser todas las tardes y empieza a ser algunas tardes, y se proponen juegos raros, morbosos, a veces terroríficos y se cuentan historias del Dios blanco y de madres que devoran a sus hijas, historias que escuchan con los ojos cerrados, que algunas han adaptado de la red y otras han creado. Entre las chicas las hay que prefieren distanciarse un poco, las que estrechan aún más su relación, las que se sienten incómodas y las que sienten que por fin han llegado a su hogar.

Una de esas chicas, Anne – Lisse, está castigada los viernes por la tarde con Miss Clara, la profesora de Literatura, y a fuerza de cercanía su relación se hace un poco más estrecha. Anne Lisse escribe un pequeño ensayo sobre el terror para su profesora, que la perturba, y le cuenta qué pasó entre ella y su mejor amiga, pero que ya no es ni su amiga, Fernanda. Y es esta revelación la que acaba con Fernanda secuestrada en una cabaña, indefensa, sin entender nada, por su maestra. Esto, que es un destripe de la trama en toda regla, aparece al principio del libro. La novela de Mónica Ojeda es no tanto descubrir qué va a pasar y cómo, sino qué habita en la cabeza de esa profesora y ese grupo de alumnas y cómo una y otras se ven.

Usted habría podido cargar a Ximena, Miss Clara, o al menos intentarlo, que es lo que se supone que debe hacer una maestra: intentar.

El libro es violento, desagradable por momentos, pero a la vez adictivo y muy bien hilvanado. La prosa es certera, todo está bien escrito, el ritmo sube y baja cuando se necesita, apenas hay humor ni demasiada vida fuera de las mentes de las protagonistas. Todas ellas, solipsistas, crean su propia realidad, y es la colisión de las distintas realidades que han ido creando la que hace saltar las chispas. La escritura está muy cerca de un plano físico, duele, sangra, huele.

Nunca imaginó que el hambre fuera un peso perfecto trepando desde el estómago hasta la sien.

No es una de esas lecturas ligeras que muchos escogen para el verano. Quizá ni siquiera es una lectura para muchos, sino para pocos. Pero esos pocos para los que pueda ser (y ojalá sea para muchos) tendrán un libro rondándoles por la cabeza durante semanas. Y si tienen amigos que también lo lean, un entretenido tema de tertulia, esta sí veraniega, en una terraza.

Felices lecturas. Incluso con aquellos libros que le dan la espalda a cualquier felicidad.

Seguiremos leyendo

Sr. E



lunes, 11 de junio de 2018

El día después de la Feria del Libro


Feria del Libro 2018, el día después

Se ha acabado la Feria del Libro, después de algo más de dos semanas (dos semanas con tres fines de semana) de lluvia casi continua en Madrid. Todos los años da lugar a chiste la aparición de la lluvia, pero este año ha sido algo llamativo y casi continuo. Se acaba la Feria, que es un espacio y un tiempo, un universo paralelo. Cada vez menos literaria (y basta asomarse a los stands que montan las grandes librerías, donde no es posible (literalmente) encontrar un libro de Philip Roth, y eso que acaba de fallecer y eso lo hace ser un autor más presente en las peticiones de los paseantes y compradores) y cada vez más feria, con ruido, globos, publicidad, pero también, y al final es lo importante, con muchos libros y muchos autores.

La Feria del Libro de Madrid es como las Fallas de Valencia o las fiestas de mi pueblo en agosto, algo entre lo hortera y lo fabuloso, pueblerina y cosmopolita, donde en un mismo día de firmas pasó saludándonos a los autores que estábamos a esa hora el nuevo ministro de Cultura y un militante (o lo que fuera) del partido Vox acudió no a que yo le firmara un libro sino a proponerme que firmara para alguna extravagante reivindicación.

Dejando al margen las anécdotas, lo más interesante siempre me ha parecido acercarme a las casetas de las editoriales, a pedir directamente recomendaciones a quienes las han elegido, y a comprar libros que normalmente me cuesta encontrar, y a las firmas de los autores. Los ya conocidos o los que he ido conociendo en estos días.

La Feria 2018 ha tenido para mí de todo. Paseos, conferencias, mi propia firma el pasado sábado y compra de libros. Con gran amabilidad fui acogido en las casetas que Editorial Complutense había dispuesto tanto por la mañana como por la tarde del sábado 9 de junio. Bastante gente se acercó a por un ejemplar de ¡En el rincón de la derecha, con catorce derrotas, doce de ellas por KO, con calzón negro, guantes naranjas, ochenta kilos y vista cansada! , y un número también interesante de personas se pararon a preguntarme sobre su largo título y su relación real con el boxeo. Algunos se decidieron a llevárselo a casa.

Os dejo aquí enlaces a casa del libro y fnac por si os animáis a evaluarlo


Tuve la suerte de poder asistir a la conferencia inaugural de Mircea Cartarescu (ya que este año el país invitado era Rumanía). Dejando al margen algunas micropolémicas que se han generado con ella, me pareció llena de pasión y muy inspiradora para cualquier clase de lector (no digamos ya si el lector es un lector atento de Cartarescu o además es escritor). La enlazo aquí por si alguien quiere leerla y compartirla.

De aquella primera charla me traje un nombre apuntado, el de Ana Blandiana, y uno de sus libros de cuentos editados por Periférica, en mi caso Las cuatro estaciones, ha sido una de mis adquisiciones de esta Feria. Además pude ir a una firma de la propia autora (encantadora) y conseguirlo firmado. En dicha firma, su traductora, Victoria Patea, me advirtió (medio en broma) que había elegido el libro malo, que el realmente bueno es Proyectos de pasado. De la caseta de la editorial elegí, sencillamente, aquel cuyo comienzo me resultó más atractivo.


Fui a la caseta de Candaya a por Mandíbula, de Mónica Ojeda, y su editora me convenció para probar también la literatura de Miguel Serrano Larraz. Quede señalada su capacidad de persuasión, pues convenció a una amiga que sencillamente iba a mi lado de llevarse su propio ejemplar de Mandíbula. De la obra de Serrano Larraz he empezado por su segundo libro de cuentos, Réplica, y si me seduce iré hacia atrás en su obra (compuesta de otro libro de cuentos, Órbita, y una novela, Autopsia).


Estos dos libros serán los últimos que lea de mi cosecha de este año, pues he empezado leyendo el de Blandiana, y también Teoría King – Kong, de Virginie Despentes, que ha sonado muchísimo en los últimos meses y me habían recomendado insistentemente.

También vinieron en mis bolsas de papel los libros con La misma moneda, de Verity Bargate, después de la impresión que me produjo la lectura de No, mamá, no,

y dos libros infantiles, 

El gran libro de los animales del mar, de la editorial Juventud, e Inventario ilustrado de dinosaurios, de Kalandraka, dos colecciones (las de El gran libro de … y los Inventarios ilustrados de …) muy recomendables, al menos cuando en casa se convive con un pequeño aspirante a biólogo de algo menos de 5 años.
Y el año que viene habrá otra vez Feria y con pereza al principio e interés creciente al final, seguiremos yendo. Mientras tanto, continuaremos leyendo.
















Felices lecturas

Sr. E


domingo, 3 de junio de 2018

Vamos de Feria: ¡En el rincón de la derecha, con catorce derrotas, doce de ellas por KO, con calzón negro, guantes naranjas, ochenta kilos y vista cansada!


Firmas en la Feria del Libro de Madrid

Tenemos libro nuevo desde finales de abril, la novela de título larguísimo con la que tuve el honor de ganar el año pasado el Premio Complutense de Literatura 2017, en su primera edición: ¡En el rincón de la derecha, con catorce derrotas, doce de ellas por KO, con calzón negro, guantes naranjas, ochenta kilos y vista cansada!
Podéis leer aquí una breve sinopsis del mismo: https://www.ucm.es/en-el-rincon-de-la-derecha
La editorial ha organizado dos sesiones de firmas en la Feria del Libro de Madrid para el próximo fin de semana, 9 de junio, mañana y tarde.
Os dejo aquí los detalles por si os pilla dentro de vuestra ruta de paseo y búsqueda de libros.

11:00 – 12:30 CASETA 6 UNE (Unión de Editoriales Universitarias Españolas)
18:00 – 19:00 CASETA 32 (UDL LIBROS)

Se agradecerá toda visita, no solo las compras de libros, también los ratos de charla y botellines de agua.


Para aquellos que se lleven el libro firmado habrá, eso sí, un pequeño obsequio, el relato premiado en el Premio de Cuentos Max Aub 2018, 4Ever (Forever)


domingo, 12 de junio de 2016

Se acabó la Feria 2016.

Feria del Libro 2016. Fin. Balance. Firmas. Contradicciones. Lecturas.

Este domingo se ha acabado la Feria del Libro 2016. La Feria del Libro es uno de esos lugares que de alguna manera me repugnan y de otra manera complementaria me atraen irremediablemente. Me repugna la mercantilización que supone, y sobre todo lo que siento al encontrarme con colas sin fin que no están esperando a recibir el autógrafo de autores sino de famosetes de turno, ahora también de youtubers. Casi nunca hay una gran cola tras la que aguarde un buen escritor, y ya no entro a valorarlo en función de mis gustos o intereses, sino que me refiero simplemente a alguien cuyo motivo principal para escribir un libro sea escribir el libro, no una oportunidad de sacar algo más de dinero a otras famas paralelas.

Me atrae, por el contrario, la oportunidad de acercarme a las casetas de las editoriales y preguntar por algunos libros de sus fondos que son difíciles de encontrar en librerías normalmente. Me encanta poder acercarme a algunos autores y charlar cinco minutos con ellos mientras me firman el libro. Me inquieta que los autores literarios que más firman sean los mismos desde hace veinte años, y que autores de los que se habla mucho y bien en la poca prensa especializada en literatura que queda, tengan sin embargo firmas por las que apenas pasamos 10 personas a lo largo de más de dos horas.

Me atrae y me incomoda por igual el momento de firmar, al que me he enfrentado por segundo año, con mi segundo libro, Mil dolores pequeños. Me invitó la librería Punto y coma, y fue un rato agradable, en el que me sentí más suelto que en mi primer año, y en el que vendimos en una sola tarde casi todo lo que el librero había pedido. Gracias, por cierto, a los que se acercaron. Estuve firmando el jueves 2 de junio por la tarde, junto a otros autores de Baile del Sol, la editorial que ha publicado Mil dolores pequeños, y que ya publicó Beber durante el embarazo.

El jueves siguiente, 9 de junio, la editorial organizó en el bar – librería Vergüenza ajena un pequeño acto de presentación de novedades de esta primavera – verano, y que ha servido también de pequeña presentación de mi libro en Madrid. El libro, por cierto, ya se puede comprar en la web de la editorial
La distribución más general en librerías empezará, por lo que me han contado, a principios de julio.

He pasado otras tres veces por la Feria del Libro en estos algo más de quince días, y he gastado más de lo que quiero reconocer, pero menos de lo que temía haber podido llegar a gastar. Mi primera visita tuvo como principal objetivo conseguir Mala letra, el nuevo libro de relatos de Sara Mesa, que pude traerme firmado por la autora, tras compartir cinco minutos de conversación con ella. Ya que había ido, compré un ejemplar de La novela luminosa de Mario Levrero en bolsillo, pues es un libro que prácticamente ha desaparecido de las librerías, y mi ejemplar está bastante deteriorado y no querría enfrentarme al momento de quedarme sin él, siendo un libro al que vuelvo con la frecuencia con la que otros recurren a sus textos sagrados, aunque sé que suena a histerismo de fan obsesivo – compulsivo.

El mismo día en que fui a firmar me traje como recuerdo El ojo castaño de nuestro amor, de Mircea Cartarescu, del que aún tengo sin acabar de leer Nostalgia desde que fui al encuentro con el autor en la librería Alberti. El ojo castaño de nuestro amor es una recopilación de textos breves, unos relatos propiamente dichos y otros más cercanos a la reflexión o al pequeño ensayo memorialístico, en una edición especialmente preparada para el mercado español por el autor y sus editores de Impedimenta.

En la fiesta de presentación de Baile del Sol aproveché para comprar y me traje firmadas dos de las novedades que más llamaron mi atención. Fueron la novela La muñeca rusa, de Juan Miguel Contreras, que me llamó mucho la atención porque la trama que el autor explicó me resultó muy parecida a la imagen que puso en marcha mi relato Rescate, incluido en Beber durante el embarazo, la de un cosmonauta soviético en una misión fracasada, solo y perdido, y el libro de relatos Koundara, de David Pérez Vega, del que me gustó mucho la descripción inicial del primer relato, y hojeándolo me interesaron un par de relatos que parecían de corte realista del tipo escuela americana, y de hecho el autor me confirmó que uno de ellos, Cazadores, era un homenaje a Cazadores en la nieve, de Tobias Wolff, que es un relato que siempre me ha impresionado. También compré la colección de relatos Lo que nos detiene, de Blanca Bettschen, aunque la autora había huido para cuando quise que me lo firmara.

Suerte de cazador la mía, en uno de mis paseos por la Feria en este último fin de semana, mi vista fue a dar casualmente con un libro, El trepanador de cerebros, la primera novela de Sara Mesa, prácticamente inencontrable. No me fijé en el nombre de la librería, lo cual fue un error, pues hubiera sido una buena apuesta para futuras visitas. Ese mismo día, en el stand de Debolsillo, compré Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Vi hace un par de meses la película biográfica sobre la filósofa, que está articulada alrededor de este libro y su experiencia escribiéndolo, y me interesó mucho. En esta obra es donde presenta la noción de banalidad del mal, que es una de sus ideas más célebres, y de la que estuve hablando no hace muchos días, a lo largo de una charla de borrachos ilustrados.

El último sábado fui a acompañar a unos amigos que estaban de visita en Madrid y querían ir a la Feria. Ellos adquirieron un ejemplar de Mil dolores pequeños y yo me pasé por la editorial Impedimenta. Estaba firmando Jon Bilbao, sobre quien he leído muy buenas críticas aunque aún no lo he podido leer a él, y compré y me traje firmado su último libro de relatos, Estrómboli. Sólo le he echado una mirada de aproximación al inicio del primer relato, pero promete mucho. Le pedí al editor que me orientara por dónde seguir leyendo a Stanislaw Lem, después de la fascinación que me produjo Diarios de las estrellas, y me dijo que por lo que le expliqué que más me había gustado de aquel libro, el que más podría interesarme era Máscara, una colección de relatos que Lem había ido dejando al margen de sus colecciones por ser demasiado largos, o demasiado fáciles de censurar, y que compartían con Diarios de las estrellas el gusto por el relato filosófico, la fábula sin moraleja obvia y los juegos que van de lo moral a lo humorístico.

Además de estos libros, he comprado ejemplares de Todos los miedos, de Miguel Ángel González, La novela luminosa de Mario Levrero y Los asesinos lentos de Rafael Balanzá para regalar a amigos y familiares.

Resumiendo, se acaban estos quince días y prefiero no echar cuentas. Sé, eso sí, que a otras muchas lecturas por abordar, he sumado, dejando al margen regalos y ejemplares de Levrero para cubrir posibles pérdidas:
Mala letra, de Sara Mesa (Ed. Anagrama)
El ojo castaño de nuestro amor, de Mircea Cartarescu (Ed. Impedimenta)
El trepanador de cerebros, de Sara Mesa (Ed. Tropo)
Koundara, de David Pérez Vega (Ed. Baile del Sol)
La muñeca rusa, de Juan Miguel Contreras (Ed. Baile del Sol)
Lo que nos detiene, de Blanca Bettschen (Ed. Baile del Sol)
Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt (Ed. Debolsillo)
Estrómboli, de Jon Bilbao (Ed. Impedimenta)
Máscara, de Stanislaw Lem (Ed. Impedimenta)

Los iré leyendo en estos próximos meses (como los camellos que se guardan el agua para las travesías del desierto, así algunos reservamos libros para el verano, como si en verano no se pudiera ir también a la biblioteca, o a una librería, o releer), y de algunos seguro que me apetece hablar un poco aquí.

La Feria volverá el año que viene. De momento no parece que me vaya a tocar volver a firmar en ella, pues aunque tengo algunos proyectos de escritura, e incluso dos más o menos cerrados, de momento no hay nuevas publicaciones a la vista. Quizá conviene respirar hondo antes de dar el siguiente paso, o esperar señales del destino. Dos años seguidos han sido de momento una experiencia que debo asimilar. Tocará volver como lector atento que pregunta y hace colas para pedir firmas.

Iremos hablando
Buenas lecturas
Sr. E

martes, 31 de mayo de 2016

Firma de ejemplares de "Mil dolores pequeños"

Hola lectores:



Este próximo jueves 2 de junio, a partir de las 19:00, estaré en la Caseta 270 de la Feria del Libro firmando en primicia ejemplares de mi primera novela, "Mil dolores pequeños", que prácticamente estará recién salida de la imprenta. 

Los editores de Baile del Sol han decidido volver a apostar por una obra mía. Será mi segunda experiencia como autor publicado y como firmante en tales menesteres, y será, igual que el año pasado con el libro de relatos "Beber durante el embarazo", en la caseta de la librería Punto y coma. 

Todos los lectores de Madrid están invitados a darse un paseo por la Feria del Libro, y acercarse por allí a echarle un ojo a esta novela. 

Os copio el texto de la contraportada, por si a alguien le despierta la curiosidad de acercarse a ella:

La vida nos va dibujando un camino de cicatrices en la espalda. Los mil dolores pequeños de los que habla el título de esta novela, primera del autor tras el libro de relatos "Beber durante el embarazo", van marcando nuestro rumbo y nuestros días. Crecemos entre rasguños y avanzamos en busca del siguiente tropezón.

El protagonista de esta novela de tono onírico debe acudir cada mañana, como un funcionario kafkiano, al Museo de la Memoria y el Olvido, donde está obligado a transcribir los recuerdos de una vida. Conectando con la poética de I remember de Joe Brainard y Je me souviens de Georges Perec, la narración avanza de manera no – lineal, caótica y trompicante, al modo en que la memoria y los sueños funcionan. Mil dolores pequeños nos traslada a la mente de un narrador incapacitado para olvidar y que, como un Sísifo posmoderno, carga con su maldición y revive constantemente los mismos momentos, algunos ni siquiera vividos directamente por él.


Este narrador y protagonista debe convivir con su memoria sin fin, mientras su padre sufre de Alzheimer. Debe sobrevivir a su maldición, que le sobrecarga el cerebro y pone en peligro su vida, poniéndolo a jugar a la ruleta rusa cada vez que vuelve a recorrer un pasaje conocido, un rostro de la infancia, una vieja canción. Y también debe asumir su condición de paria, como testigo impertinente que lo recuerda todo en un mundo empeñado en girar a la velocidad del olvido.
 

Feliz Feria del Libro y felices lecturas.

Sr. E