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jueves, 22 de febrero de 2018

Provocación, de Stanislaw Lem vs. Satin Island, de Tom McCarthy

Provocación, de Stanislaw Lem (Funambulista) vs. Satin Island, de Tom McCarthy (Pálido fuego)

Decidí en los primeros días de 2018 alejarme del blog. No sentirme obligado a leer pensando en lo que destacaría para una entrada. No pensar que llevo mucho sin escribir una entrada. Y ha pasado más de un mes y medio. Me he descontaminado. He leído en este tiempo algunos libros interesantes, claro. Y he pensado que sería interesante (empezando porque sería interesante para mí) hablar de estos dos libros. En principio son dos novelas, aunque solo en principio, ya que realmente son dos novelas que no solo son novelas, porque se acercan al ensayo, en su vertiente analítico – crítica y en su versión imaginaria. Quizá son dos de esos libros de los que por una vez no resultaría exagerado decir que son inclasificables.

El primer libro que leí en 2018 fue Provocación, de Lem, y el último que leí en enero Satin Island, de Tom McCarthy. Ya llevo algunos libros de Lem en la memoria lectora, y empiezo a estar convencido de que su punto fuerte está en los libros más cercanos a la filosofía y la parábola que en sus narraciones puras. Un amigo, buen lector, me preguntaba hace unas cervezas con qué libro de Stanislaw Lem podía empezar. Le dije que no con Solaris, que es quizá su obra más famosa. Le recomendé empezar por los Diarios de las estrellas.

Provocación, al menos en la edición de Funambulista (hago un apunte sobre el momento oportuno de las ediciones de algunos autores, observo que viejas ediciones que hay en bibliotecas de esta editorial, Funambulista, de Cartarescu y Lem, no tuvieron demasiada suerte, y unos años después en Impedimenta han empezado a funcionar con éxito) contiene 2 novelas cortas (por ponerles un nombre). Son realmente dos ensayos de ficción, escritos que adoptan la forma de ensayos, el primero al memorialístico y el segundo al científico. Realmente lo que Lem hace es comentar obras que han escrito otras, a las que no tenemos un acceso directo (obras imaginarias, al modo de Borges). En el primero Lem discute con la voz de Horst Aspernicus, un estudioso alemán que bucea en las raíces del nazismo en su obra El genocidio. Hay un estudio sobre los orígenes culturales del mal y un cierto diálogo con las ideas de Hannah Arendt y otros filósofos y escritores. Lem lleva al nazismo y sus bases a enfrentarse a un espejo deformante que los retrata en muchos casos como paletos con aires, provincianos, y el estudio del kitsch como paso previo al salvajismo me ha parecido muy interesante. El texto es efectivamente eso, una provocación, una parodia que nos lleva a pensar en la base ridícula del terror, en cómo se llega a lo peor del ser humano partiendo un muchos casos de algo que es tomarse a uno mismo demasiado en serio. En el clima de ofensa permanente en el que vivimos me ha dado por pensar que un libro así, hoy en día, en un país como España, Inglaterra o Francia, encontraría problemas para dar con un editor. El segundo texto, más breve, reseña Un minuto humano, de Johnson & Johnson, un estudio que desde la estadística pura trata de describir qué sucede simultáneamente en un minuto de la humanidad contemporánea, apoyándose en tablas y focos de atención originales y provocativos. Es un escrito brillante, que explora los límites del cientifismo y a la vez desafía el acomodamiento del humanismo desde el humor. Provocación forma parte de los 4 libros que Lem agrupó bajo el título global de Biblioteca del siglo XXI, lecturas y comentarios de libros imaginarios.

Satin Island, de Tom McCarthy, conecta con Un minuto humano en su ansia de abarcarlo todo (TODO). U., un antropólogo empresarial (esencialmente un antropólogo académico que ha acabado trabajando para una gran empresa y que se dedica a rastrear mediante sus estudios nuevos puntos de interés de los que obtener beneficio) es el encargado de redactar El gran informe, un documento de forma mutable que capture la esencia de la sociedad contemporánea. U., cuyo ídolo es Claude Levi – Strauss, va montando ante nuestros ojos, combinando técnicas de análisis, erudición, imaginación y escritura narrativa un libro asombroso, que las propias llamadas de la editorial no saben si llamar ensayo o novela o cómo, pero que definitivamente es un libro mayúsculo que más que leer nos llama a vivir en él, como gran parte de la sociedad occidental lo hace en el mundo virtual, que tan bien retrata.

Seguiremos leyendo y de vez en cuando comentándolo

Felices lecturas


Sr. E

domingo, 12 de junio de 2016

Se acabó la Feria 2016.

Feria del Libro 2016. Fin. Balance. Firmas. Contradicciones. Lecturas.

Este domingo se ha acabado la Feria del Libro 2016. La Feria del Libro es uno de esos lugares que de alguna manera me repugnan y de otra manera complementaria me atraen irremediablemente. Me repugna la mercantilización que supone, y sobre todo lo que siento al encontrarme con colas sin fin que no están esperando a recibir el autógrafo de autores sino de famosetes de turno, ahora también de youtubers. Casi nunca hay una gran cola tras la que aguarde un buen escritor, y ya no entro a valorarlo en función de mis gustos o intereses, sino que me refiero simplemente a alguien cuyo motivo principal para escribir un libro sea escribir el libro, no una oportunidad de sacar algo más de dinero a otras famas paralelas.

Me atrae, por el contrario, la oportunidad de acercarme a las casetas de las editoriales y preguntar por algunos libros de sus fondos que son difíciles de encontrar en librerías normalmente. Me encanta poder acercarme a algunos autores y charlar cinco minutos con ellos mientras me firman el libro. Me inquieta que los autores literarios que más firman sean los mismos desde hace veinte años, y que autores de los que se habla mucho y bien en la poca prensa especializada en literatura que queda, tengan sin embargo firmas por las que apenas pasamos 10 personas a lo largo de más de dos horas.

Me atrae y me incomoda por igual el momento de firmar, al que me he enfrentado por segundo año, con mi segundo libro, Mil dolores pequeños. Me invitó la librería Punto y coma, y fue un rato agradable, en el que me sentí más suelto que en mi primer año, y en el que vendimos en una sola tarde casi todo lo que el librero había pedido. Gracias, por cierto, a los que se acercaron. Estuve firmando el jueves 2 de junio por la tarde, junto a otros autores de Baile del Sol, la editorial que ha publicado Mil dolores pequeños, y que ya publicó Beber durante el embarazo.

El jueves siguiente, 9 de junio, la editorial organizó en el bar – librería Vergüenza ajena un pequeño acto de presentación de novedades de esta primavera – verano, y que ha servido también de pequeña presentación de mi libro en Madrid. El libro, por cierto, ya se puede comprar en la web de la editorial
La distribución más general en librerías empezará, por lo que me han contado, a principios de julio.

He pasado otras tres veces por la Feria del Libro en estos algo más de quince días, y he gastado más de lo que quiero reconocer, pero menos de lo que temía haber podido llegar a gastar. Mi primera visita tuvo como principal objetivo conseguir Mala letra, el nuevo libro de relatos de Sara Mesa, que pude traerme firmado por la autora, tras compartir cinco minutos de conversación con ella. Ya que había ido, compré un ejemplar de La novela luminosa de Mario Levrero en bolsillo, pues es un libro que prácticamente ha desaparecido de las librerías, y mi ejemplar está bastante deteriorado y no querría enfrentarme al momento de quedarme sin él, siendo un libro al que vuelvo con la frecuencia con la que otros recurren a sus textos sagrados, aunque sé que suena a histerismo de fan obsesivo – compulsivo.

El mismo día en que fui a firmar me traje como recuerdo El ojo castaño de nuestro amor, de Mircea Cartarescu, del que aún tengo sin acabar de leer Nostalgia desde que fui al encuentro con el autor en la librería Alberti. El ojo castaño de nuestro amor es una recopilación de textos breves, unos relatos propiamente dichos y otros más cercanos a la reflexión o al pequeño ensayo memorialístico, en una edición especialmente preparada para el mercado español por el autor y sus editores de Impedimenta.

En la fiesta de presentación de Baile del Sol aproveché para comprar y me traje firmadas dos de las novedades que más llamaron mi atención. Fueron la novela La muñeca rusa, de Juan Miguel Contreras, que me llamó mucho la atención porque la trama que el autor explicó me resultó muy parecida a la imagen que puso en marcha mi relato Rescate, incluido en Beber durante el embarazo, la de un cosmonauta soviético en una misión fracasada, solo y perdido, y el libro de relatos Koundara, de David Pérez Vega, del que me gustó mucho la descripción inicial del primer relato, y hojeándolo me interesaron un par de relatos que parecían de corte realista del tipo escuela americana, y de hecho el autor me confirmó que uno de ellos, Cazadores, era un homenaje a Cazadores en la nieve, de Tobias Wolff, que es un relato que siempre me ha impresionado. También compré la colección de relatos Lo que nos detiene, de Blanca Bettschen, aunque la autora había huido para cuando quise que me lo firmara.

Suerte de cazador la mía, en uno de mis paseos por la Feria en este último fin de semana, mi vista fue a dar casualmente con un libro, El trepanador de cerebros, la primera novela de Sara Mesa, prácticamente inencontrable. No me fijé en el nombre de la librería, lo cual fue un error, pues hubiera sido una buena apuesta para futuras visitas. Ese mismo día, en el stand de Debolsillo, compré Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Vi hace un par de meses la película biográfica sobre la filósofa, que está articulada alrededor de este libro y su experiencia escribiéndolo, y me interesó mucho. En esta obra es donde presenta la noción de banalidad del mal, que es una de sus ideas más célebres, y de la que estuve hablando no hace muchos días, a lo largo de una charla de borrachos ilustrados.

El último sábado fui a acompañar a unos amigos que estaban de visita en Madrid y querían ir a la Feria. Ellos adquirieron un ejemplar de Mil dolores pequeños y yo me pasé por la editorial Impedimenta. Estaba firmando Jon Bilbao, sobre quien he leído muy buenas críticas aunque aún no lo he podido leer a él, y compré y me traje firmado su último libro de relatos, Estrómboli. Sólo le he echado una mirada de aproximación al inicio del primer relato, pero promete mucho. Le pedí al editor que me orientara por dónde seguir leyendo a Stanislaw Lem, después de la fascinación que me produjo Diarios de las estrellas, y me dijo que por lo que le expliqué que más me había gustado de aquel libro, el que más podría interesarme era Máscara, una colección de relatos que Lem había ido dejando al margen de sus colecciones por ser demasiado largos, o demasiado fáciles de censurar, y que compartían con Diarios de las estrellas el gusto por el relato filosófico, la fábula sin moraleja obvia y los juegos que van de lo moral a lo humorístico.

Además de estos libros, he comprado ejemplares de Todos los miedos, de Miguel Ángel González, La novela luminosa de Mario Levrero y Los asesinos lentos de Rafael Balanzá para regalar a amigos y familiares.

Resumiendo, se acaban estos quince días y prefiero no echar cuentas. Sé, eso sí, que a otras muchas lecturas por abordar, he sumado, dejando al margen regalos y ejemplares de Levrero para cubrir posibles pérdidas:
Mala letra, de Sara Mesa (Ed. Anagrama)
El ojo castaño de nuestro amor, de Mircea Cartarescu (Ed. Impedimenta)
El trepanador de cerebros, de Sara Mesa (Ed. Tropo)
Koundara, de David Pérez Vega (Ed. Baile del Sol)
La muñeca rusa, de Juan Miguel Contreras (Ed. Baile del Sol)
Lo que nos detiene, de Blanca Bettschen (Ed. Baile del Sol)
Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt (Ed. Debolsillo)
Estrómboli, de Jon Bilbao (Ed. Impedimenta)
Máscara, de Stanislaw Lem (Ed. Impedimenta)

Los iré leyendo en estos próximos meses (como los camellos que se guardan el agua para las travesías del desierto, así algunos reservamos libros para el verano, como si en verano no se pudiera ir también a la biblioteca, o a una librería, o releer), y de algunos seguro que me apetece hablar un poco aquí.

La Feria volverá el año que viene. De momento no parece que me vaya a tocar volver a firmar en ella, pues aunque tengo algunos proyectos de escritura, e incluso dos más o menos cerrados, de momento no hay nuevas publicaciones a la vista. Quizá conviene respirar hondo antes de dar el siguiente paso, o esperar señales del destino. Dos años seguidos han sido de momento una experiencia que debo asimilar. Tocará volver como lector atento que pregunta y hace colas para pedir firmas.

Iremos hablando
Buenas lecturas
Sr. E

jueves, 31 de diciembre de 2015

Mis libros de 2015


Mis cuentos pendientes de 2.015.

Terminada la temporada 2.015 de lectura, creo que debo calificarla de muy buena. Debo reconocer, también, que por suerte, no recuerdo ningún año lector que no me haya descubierto nuevas voces ni me haya dejado indiferente con sus historias. Supongo que por eso leemos, esperando que el próximo año nos traiga lecturas tan buenas como el que se cierra (o incluso mejores). Y por eso es importante y siempre recomiendo abandonar pronto los libros que no nos estén aportando nada.

El esfuerzo de reducir un año de experiencias lectoras a una lista de títulos puede ser un poco fútil, no lo niego, pero creo que nos aporta lo que siempre nos aporta elegir, filtrar, jerarquizar. Hacemos una reflexión final sobre lo vivido en el año, recordamos buenas sensaciones y deslumbramientos; también decepciones, claro. Agradezco, llegados a este momento, haber ido tomando breves notas de lectura durante todos los meses del año, al ir acabando cada lectura.

Elegir siempre es difícil, y elegir siempre resulta injusto, pues siempre se quedan fuera libros que nos han gustado, pero creo que merece la pena hacerlo y tratar de limitar el número de libros a destacar. Hay libros a los que he vuelto en 2.015 que siempre estarían entre mis 10 mejores lecturas de cualquier año, por lo que no los considero de cara a esta lista, que formo únicamente con libros que he leído (o que he leído completamente en algunos casos) por primera vez. Este año he releído con gusto y provecho mi edición de Cuentos completos de Kafka, La novela luminosa de Mario Levrero, La velocidad de las cosas de Rodrigo Fresán, la Trilogía antiejemplar de Rafael Balanzá, American Gods de Neil Gaiman, algunos textos breves de Foster Wallace, un par de novelas de Houellebecq o El desierto de los tártaros, de Dino Buzzatti, por ejemplo.

Según termino mis lecturas, tomo unas anotaciones sobre el libro, y dejo marcados según un código de colores aquellos que me han parecido especialmente destacables. Llegados a estas alturas del año, esos títulos destacados (los que se habían adueñado totalmente de mi cabeza durante su lectura) eran un total de 16. Para mi lista – resumen he elegido sólo 10 libros, como la más tópica de las listas de final de año. En mis lecturas de este año veo algunas tendencias y novedades en mis lecturas. He leído mucho relato, como siempre. Aparte de algunas colecciones que me han interesado especialmente (La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas, Frente al espejo de una mujer, de Ismail Kadaré, El umbral de la noche, de Stephen King, Canción muda, de David Albahari, Los siete mensajeros y otros relatos, de Dino Buzzati), he leído algunas selecciones temáticas de relatos (Aguas negras: antología del relato fantástico, de Alberto Manguel, en Alianza, o Felices pesadillas, selección de terror de Valdemar) de un muy buen nivel medio, y capaces de encontrarle nuevos ángulos a géneros que consideramos ya conocidos, y también he leído los Cuentos completos de algunos autores (Graham Greene, J. G. Ballard), que me han parecido una manera muy interesante de abarcar la evolución narrativa de un mismo escritor, y una forma de lectura que repetiré en 2.016 (tal vez volver a leer los Cuentos completos de Borges, o leer todos los libros de relatos de Bolaño otra vez, o las selecciones de Fogwill o Tobias Wolff de Alfaguara, todos ellos libros de los que nunca me despego demasiado, tal vez releer a Poe, a quien creo que no leo desde los 15 años, de momento ya me compré los Cuentos completos de Bernard Malamud, debería ser el primero, para evitar ir acumulando libros de manera innecesaria en casa).

Entre mis lecturas preferidas hay dos autores de los que he elegido un libro suyo entre mis mejores lecturas desde 2.012, cuando los probé por primera vez (Don DeLillo y J. G. Ballard), y a los que seguiré leyendo. Después de algunos intentos, he llegado a disfrutar realmente de dos autores llamemos difíciles pero muy valorables una vez he entrado en su mundo: En el culo del mundo de Antonio Lobo Antunes y Señales que precederán el fin del mundo, de Yuri Herrera. Hay más autores españoles de lo que esperaba, y teniendo en cuenta que leo bastante más literatura anglosajona y en general extranjera que española, me sorprende ver tantos libros españoles entre los mejores que he leído, lo que supongo que significa que precisamente por no acercarme demasiado a ella, selecciono mucho más lo que voy a leer. Destaco especialmente como descubrimiento a dos autores a los que he llegado supongo que venciendo prejuicios y a los que quiero seguir leyendo: Gonzalo Torrente Ballester y Max Aub, quienes creo que están bastante olvidados de una forma bastante injusta.

No suelo leer demasiado ensayo, pero este año sí lo he hecho, tanto de temática sociológico – económica (Indies, hipsters, gafapastas, historia de una dominación cultural, de Víctor Lenore, La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo, de Gilles Lipovetsky, Chavs, la demonización de la clase obrera, de Owen Jones) como más cercana a la literatura y su práctica (Presencias reales, de George Steiner, Los mecanismos de la ficción, de James Woods, Sobre literatura, de Umberto Eco, Mientras escribo, de Stephen King, El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sábato).

Veo libros que no acaban de estar en géneros definidos, una literatura que siempre me ha interesado y por dónde creo que crecerá el futuro, por las difusas fronteras entre la narrativa, las formas memorialísticas y el ensayo, y dentro de la literatura de género negro a la que soy bastante aficionado, el descubrimiento más destacado fue Cold cold ground, de Adrian McKinty, un libro ambientado en el Ulster en la época del IRA. Este año no he leído ningún Ellroy ni a ningún peso pesado. Un par de Connollys, algún Simenon, autores que siempre me gustan. En ciencia ficción, dos buenos libros de Philip K. Dick (El hombre en el castillo y Fluyan mis lágrimas, dijo el policía), de quien hablé hace poco. He leído más clásicos y más rusos (Almas muertas, de Nicolai Gógol, El maestro y Margarita, de Mijail Bulgakov) que en otras ocasiones, y quiero seguir con la tendencia.

1. El día del Watusi, de Francisco Casavella, Ediciones Destino: Leí El día del Watusi en marzo. Mi mes de marzo sólo tiene apuntadas dos novelas, y seguro que leí más cosas, pero El día del Watusi es una de esas lecturas que absorbe toda la luz a su alrededor. Estoy por decir algo así como que es la mejor novela española de las dos últimas décadas. O de las tres últimas. No sé. No lo he leído todo en esos años, obviamente. Pero tampoco los que sí han elegido las mejores novelas de esa época. ¿Por qué me gustó? Porque tiene fuerza, autenticidad, chulería, potencia literaria, buen oído con el lenguaje, estilo, ambición. El día del Watusi es una novela de mil páginas de la que han dicho que resulta desequilibrada. Y muy probablemente lo sea, pero ese no puede ser su defecto. Su principal defecto es que no tenga otras doscientas o trescientas maravillosas páginas de desequilibrios. Porque retrata un mundo desequilibrado y la novela no puede estar perfectamente medida para hacerlo. El día del Watusi se publicó originalmente a partir de 2.002 como una trilogía. Tres novelas que giran principalmente, a mi entender, alrededor de la creación del mito. La novela está poblada de vividores que se creen sus mentiras y que venden motos sin parar. Y Casavella lee en las entrañas de Barcelona toda esas mentiras del pasado que construyeron su presente. Y quien dice Barcelona dice también España. Y quien dice mentiras dice política, y podríamos hablar de la cultura oficial, y puede leerse el trasfondo de todo eso que se llama la transición. La novela no tiene ni una página de desperdicio. Todo el mundo debería leerla. Dicen que quienes la leen se convierten al casavellismo. No me extraña que con un libro así escrito, así de ambicioso y así de crítico, Casavella no fuera el más popular de ninguna fiesta. Porque estuvo cerca de los del Kronen pero no fue de ellos. Ni por supuesto hubo un rincón para él en la oficialidad de la narrativa española. Sólo tuvo algo de reconocimiento cuando ganó el Nadal con Lo que sé de los vampiros (otra excelente novela, por cierto, aunque no tanto, mucho más medida, pero una de las pocas novelas históricas, si lo es, que me han gustado), poco antes de morir demasiado joven. Lo peor de este libro es pensar que Casavella no vaya a poder escribir nunca otra obra así. Cómo destaca un libro así entre el conformismo dominante en la narrativa española.


2. Diarios de las estrellas, de Stanislaw Lem, Alianza Editorial: Lem es uno de los principales escritores de ciencia ficción del siglo XX. Con la particularidad de haberlo sido desde detrás del telón de acero. Un autor del que Philip K. Dick llegó a decir que no existía, con todo lo que eso supone. Diarios de las estrellas relata los distintos viajes de Ijon Tichy en el tiempo y el espacio. Lem se sitúa en la gran tradición de la sátira desde la fantasía. Llevando a Tichy a otros mundos, aprovecha para criticar todo lo criticable de ese ser humano que habita y destroza la Tierra. Los textos del libro son relatos, se ajustan razonablemente a los parámetros de la ciencia ficción, pero sobre todo son reflexiones culturales y filosóficas de altísimo nivel. Lem disecciona el alma humana con un fino bisturí, y completa un libro divertidísimo, brillante, imposible de olvidar, adictivo.

3. La gallina ciega, de Max Aub, Alba Editorial: No hace demasiado que reseñé La gallina ciega.
Destaco especialmente su modernidad, su frescura, su visión crítica del postfranquismo que se estaba forjando en 1969 en España. Destaco que sea un libro de un importante autor español del siglo XX que ofrece una visión de la literatura mucho más contemporánea (mucho más en la línea de lo que se hace en el mundo) que lo que sigue considerando la literatura española a seguir, conformista, complaciente, que toma sus referencias en ella misma y así nos va.


4. Cuentos completos, de J. G. Ballard, RBA: Me lo compré el Día del Libro y me ha acompañado como lectura espaciada y continua prácticamente desde aquel día hasta el final del año.
En Ballard, y se ve perfectamente en sus relatos, tenemos la combinación de un profeta crítico con un prosista magnífico. La mayoría de escritores que me interesan son autores que siempre dan vueltas alrededor de unos pocos temas que se repiten. A lo largo de estos 95 relatos podemos ver la evolución y las circunvoluciones de un autor que siempre tenía algo importante de lo que advertirnos y una manera interesante de decírnoslo.

5. La piel, de Curzio Malaparte, Edición de Círculo de Lectores: Malaparte pertenecía a ese mundo intelectual que se generó entreguerras. Soldado raso en la primera, ideólogo del primer fascismo italiano, creador de revistas, eso que hoy en día se llama agitador cultural (un término bastante más descafeinado, por suerte en muchos aspectos), oficial en la segunda guerra mundial, encarcelado, cayó en una deriva ideológica que lo llevó hacia el maoísmo. Y entre medias escribió algunos libros magníficos por lo que cuentan. Desde luego éste lo es. Un libro de una densidad increíble, en el que cada línea transmite una gran cantidad de información y matices. Uno de esos a los que uno se traslada a vivir mientras lo está leyendo. http://cuentospendientessre.blogspot.com.es/2015/12/cuentos-pendientes-de-diciembre.html

6. Experiencia, de Martin Amis, Anagrama: Martin Amis escribió la que me parece una de las mejores novelas contemporáneas, La información. He leído otras novelas suyas muy buenas (Dinero, por ejemplo) aunque no de tanto nivel. Y he leído otros libros suyos que me han parecido insuficientes, siempre medidos desde el patrón de La información. Desde el mes de junio mediré sus libros (me han hablado muy bien de Campos de Londres, y está pendiente) en comparación con La información y también con este magnífico libro, Experiencia. Experiencia es un libro de memorias, o algo así. Amis no es seguramente el mejor escritor de su generación, aunque parece que él lo cree (no sé muy bien quién es el mejor escritor de su generación, la verdad, pero tengo claro que la anterior, la de los Roth o DeLillo les gana en fuerza y profundidad), pero sin duda es un gran prosista. Una página cualquiera de uno cualquiera de los libros de Amis que he leído tiene una calidad prosística muy alta. Amis es un estilista, y lo sabe, y reivindica a los estilistas, sitúandose en la estela de los Bellow (aunque considero que Bellow es un autor menos brillante pero mucho más fluido narrativamente que él) o Nabokov. Experiencia, las memorias de un hombre que apenas pasaba de los cincuenta años en el momento de escribirlas, nos regala imágenes y escenas dotadas de una gran viveza gracias a esa excelente prosa. Amis va repasando su experiencia vital, y la literaria, muy difícilmente desligables, desde su juventud de estudiante, hijo del novelista Kingsley Amis, casado en segundas nupcias con otra escritora. Habla de sus maestros, y de su padre. Habla de cómo escribió su primera novela, y de cómo se casó, de cómo tuvo hijos y su dentadura se fue pudriendo. Habla de muertes y reconstrucciones mandibulares. Habla de libros que triunfaron y amigos con los que se peleó. Habla de escritores a los que siempre admiró. De malentendidos y penas. De más libros. De Londres y Nueva York. De la relación con su padre. Del alcohol y la marihuana. De las modas. De las vacaciones en España. De los viajes. Del oscuro mundo de los agentes literarios. De la envidia. De la camaradería. De las ganas de seguir escribiendo. De la presión que supone creerse el mejor escritor del mundo. De lo que pasa cuando posiblemente, siendo un excelente escritor, no se es Bellow o Nabokov, como uno querría.

7. Libra, de Don DeLillo, Ediciones Austral: Este ha sido mi principal DeLillo del año. Una de sus cuatro grandes novelas. La gran novela sobre la mentira y la teoría de la conspiración por excelencia, la del asesinato de JFK. Igual que decía de El día del Watusi (quizá no sea casual que las dos únicas novelas sobre las que tengo anotaciones en el mes de marzo sean aquella y esta), creo que es una novela que se construye sobre la propia idea de la creación del mito. Y que no nos permite olvidar que al principio del mito, de cualquiera, con connotaciones religiosas o no, estuvo la mentira. No me extrañaría nada que Casavella hubiera sido un atento lector de Libra y de Submundo, quizá las dos novelas en las que el universo de DeLillo se deja fascinar más (y fascina más a sus lectores) por todo lo que no nos cuentan, por la penumbra, ya que DeLillo trabaja mucho más con la sombra que con la luz. Como ya dije en su momento, todo DeLillo es recomendable, es un autor al que cualquier lector dispuesto a dejarse deslumbrar por la gran literatura debería acercarse, aunque quizá Libra, como Submundo, no sean las más adecuadas como primer acercamiento. http://cuentospendientessre.blogspot.com.es/2015/10/el-planeta-delillo-iii.html
8. Felices pesadillas, relatos de terror de la Editorial Valdemar: Felices pesadillas es uno de los libros más conocidos de la que probablemente sea la editorial de referencia del género de terror y fantástico en España, Valdemar. El lector que se acerca a colecciones como El club Diógenes o Gótica sabe qué puede esperar, casi siempre libros de calidad. Felices pesadillas, publicado por primera vez en 2.003, recoge en casi mil páginas 40 relatos de 40 autores diferentes, la mayoría anglosajones, elegidos entre lo mejor del catálogo de los primeros 15 años de la editorial. La mayoría de los relatos se encuadran en la línea del relato gótico del siglo XIX, estén escritos en ese momento o después. Están los autores clásicos esperables. Y he leído con gusto a autores cuyos relatos no conocía, aunque sí sus novelas más populares (R. L. Stevenson, Bram Stoker, la editorial Valdemar tiene también algunas colecciones de relatos completas muy interesantes, estén más o menos cercanos al género). He leído autores de relatos clásicos a los que no había leído desde hacía mucho tiempo (E.T.A. Hoffman, Maupassant; aunque su cuento creo que es de los que menos se acerca al concepto de terror; Poe, de quien no recordaba lo bueno que me ha parecido en esta lectura Los hechos en el caso del Señor Valdemar). He leído un conocido cuento de fantasmas de Dickens (El guardavías) y uno de Wilkie Collins que es sobre todo un relato de misterio. Hay un relato clásico muy famoso: La pata de mono, de W.W. Jacobs, de quien muchas veces he oído decir que era un mal autor al que le salió una vez una historia redonda, ésta, que sin duda lo es. Uno de los cuentos que más extrañan en la selección es Ante la ley, de Kafka. Yo personalmente siento terror ante la burocracia y sus errores y sinsentidos, y supongo que por ahí va la idea. Están, aparte de los relatos que se salen más de lo canónico, todos los temas esperables en una selección de relatos de terror. De ellos, como bloque temático, quizá los que más me han gustado son los que se acercan al mundo vampírico. Pero lo mejor de estas antologías es que también nos dejan a los lectores una puerta abierta a autores que no conocíamos, en mi caso M. R. James o Le Fanu, aunque según parece son autores que los buenos conocedores del gótico del XIX tienen entre los básicos. Sigo sin verle la gracia a Lovecraft, con perdón de su legión de adoradores. Me gustó mucho el relato de género de Balzac, escritor realista donde los haya, y de los autores más recientes el más interesante sin duda es el relato de Richard Matheson, Grillos, que me decidió a buscar una selección de sus cuentos, también en Valdemar.

9. Mientras escribo, de Stephen King, Editorial DeBolsillo: Dentro de la serie de libros sobre literatura y el ejercicio de la escritura, tanto teóricos como centrados en el oficio y vida del escritor que he leído este año, puesto a elegir uno, elijo éste. Porque me parece el más sincero y el más accesible. Porque es divertido y podrían leerlo los alumnos de secundaria. Porque de él podrían aprender muchos escritores que miran a Stephen King por encima del hombro. King nos muestra lo que sabe del oficio, sin dejarse nada escondido. Y lo hace con buen oficio, sin tratar de impresionar a nadie, como sus obras de ficción, repitiendo mil veces que lo principal es leer y escribir. Tiene consejos útiles y tiene posibles relecturas. Es una lectura ágil y con interés para escritores, para aspirantes a escritores y en general para lectores, sean seguidores del autor o no.
10. Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo, Tusquets: Me gustó mucho esta novela escrita en 1.996 por su falta de ubicación dentro del canon de los principales caminos de la literatura española. Leí este libro y pensé eso que no deberíamos pensar pero que no puedo evitar pensar muchas veces cuando alguna obra me está gustando así: no parece española. Antonio Orejudo se parece a Rafael Reig, sus Fabulosas narraciones me recuerdan al Manual de literatura caníbal, y ahí acaban las referencias que encuentro entre sus contemporáneos. Orejudo se muestra aquí como un autor ambicioso, un lector potente que ha decidido revolver cánones y convenciones, dispuesto a provocar con su primera novela, siendo un desconocido. El hecho de que una novela se reedite más de una década después de su primera edición es síntoma suficiente del interés de quienes la leyeron en su momento. Muchos de los cuales dejaron rastros y recomendaciones que llevaron a otros a buscarla, para encontrar durante un tiempo muchas dificultades para dar con ella. Ahora incluso está en bolsillo. Todos los lectores de esta novela con los que me he encontrado coinciden en que es un libro que no deja indiferente. Y en general gusta bastante. Fabulosas narraciones por historias nos acerca a aquello que se llama la edad de plata de la cultura española. En un paisaje por el que transitan como personajes Lorca, Buñuel, Juan Ramón Jiménez y tantos otros, sigue las aventuras de tres aspirantes a literatos en la famosa Residencia de Estudiantes. Es un libro divertido, ácido, crítico con lo que era, es y será, me temo, el mundillo literario. Vemos cómo se limosnan recomendaciones, cómo se alaban medianías, cómo se asiste a conferencias de unos para fastidiar a otros, cómo el artista debe vencer la incomprensión social. Y vemos cómo algunos enloquecen ante la falta de reconocimiento. La literatura desemboca en el terrorismo menos veces de las que cabría esperar, viendo libros como éste. Le aplaudo a esta obra por ser atrevida, faltona, por meterse con santones de la literatura española a los que los novelistas actuales siguen citando en sus oraciones cada vez que presentan una nueva novela. Echo de menos esa mala leche en mucha de la literatura contemporánea española. Echo de menos que los profesores de instituto dejen de citar todos las mismas novelas del siglo XIX como las cimas insuperables de la literatura española. El ritmo es muy ágil, el lenguaje está muy pulido, la estructura encaja perfectamente, y durante toda su lectura no nos abandonará una sonrisa. Muy recomendable.

Espero que os animéis a leer alguno de estos libros durante el próximo año.

Os deseo un feliz 2016 lleno de buenas lecturas.

Volveremos a encontrarnos en enero.

Sr. E