Mostrando entradas con la etiqueta Max Aub. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Max Aub. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de mayo de 2018

mucha muerte, de Max Aub


mucha muerte, de Max Aub (Cuadernos del Vigía)


De Max Aub leí en 2015, y me enamoró, La gallina ciega. Vi a un narrador escéptico, irónico, desencantado, lúcido, que veía venir, a finales de los años 60, después de tres décadas de exilio y en algunas ocasiones también penurias, lo que se estaba cociendo y preparando de cara a la Transición política, inevitable porque antes o después, y fueron casi 40 años, Franco se moriría (Max Aub murió antes, en 1972). La obra magna de Max Aub son las seis novelas que conforman El laberinto mágico, a las que reconozco no haberme acercado todavía. Después de que la Fundación Max Aub tuviera a bien concederme este año su prestigioso Premio de Cuento, pensé que era el momento de leer algo más de Aub.
Llamado por su título cogí de una mesa de novedades de la biblioteca, hace unas semanas, mucha muerte, un libro de relatos (¿? algún nombre hay que darles) alrededor de la idea de la muerte.

¿Usted no ha matado nunca a nadie por aburrimiento, por no saber qué hacer? Es divertido
De Crímenes ejemplares

El libro original sobre el que se construye esta edición son los Crímenes ejemplares del autor, y a esta base se añaden selectos añadidos: más crímenes, infanticidios, suicidios, más infanticidios, epitafios y una extraña coda, Signos de ortografía, que será del gusto de todos aquellos aficionados a la tipografía, los errores, las imprentas y en general el papel y la tinta.

No se pudo dormir hasta acabar de leer aquella novela policíaca. La solución era tan absurda, tan contraria a la lógica, que Roberto Muñoz se levantó. Salió a la calle, fue hasta la esquina a esperar el regreso de Florentino Borrego, que firmaba Archibald MacLeish – para mayor inri y muestra de su ignaridad –; lo mató a las primeras de cambio: entre la sexta y la séptima costilla.
De Crímenes ejemplares

La idea inicial de los Crímenes ejemplares es ir mostrando, a modo de breves textos, lo que hoy llamaríamos micro – relatos y que entonces no se llamaban aún así, distintas motivaciones para matar. Con la intención, o al menos con el resultado, de dejar en el lector la sensación de que los motivos para inflingir daño, incluso para matar, a otro ser humano, no necesitan ser demasiado graves en muchos casos. Ni graves ni nobles ni elevados. En muchos casos parece que lo normal sería estar matando casi continuamente a otros, a todos aquellos que nos enervan, provocan con su estupidez, miran mal, hablan mal. Los textos, que a veces se acercan a lo narrativo y cuentan una historia completa en cuatro líneas y en otras parecen aforismos o hasta ensayos sobre lo estúpido de la vida y las creencias y barreras mentales que nos imponemos o nos imponen (Lo maté porque era de Vinaroz).

No se culpe a nadie de mi muerte. Mentira, siempre se suicida uno por culpa de alguien. Nadie siempre es alguien.
¿Quién es nadie? - clamaba el Comisario
De Suicidios

Los infanticidios vienen a subrayar aún más lo negro del conjunto, lleno de humor, sarcasmo, una mirada a la vez compasiva e implacable sobre la especie humana. Con los niños convertidos en especie sobreprotegida en las últimas décadas, desde que escasean, impacta la lectura de algunos de estos desahogos de padres y profesores superados. Los epitafios imaginativos son en sí mismo un género literario, y Aub lo trabaja con brillantez. El conjunto del libro brilla, hasta el punto de que a veces se atasca en su propia búsqueda de la sorpresa. Va resultando (lógico, por otro lado) menos sorprendente según se avanza por él, aunque en todo momento sorprende, regala una idea nunca antes pensada, o pone palabras a pensamientos ocultos.

Ya no sirvo para nada
De Suicidios nuevos

Merece mucho la pena enfrentarse a un libro así, libre, literario, vivo (pese a la contradicción con el título), que ha resistido perfectamente el paso del tiempo, porque algunos de los textos fueron rescatados para la edición de 2011 no dejan por ello de estar escritos en los años 60, y algunos antes. Es un libro perfectamente contemporáneo, que puliendo ciertas incorrecciones políticas un autor joven y que quisiera pasar por moderno podría presentar como arriesgado e innovador todavía hoy (para poner nombres, y ya no jóvenes, este libro podría haberlo presentado este mismo año, como novedad dentro de su curioso proyecto de obra, un autor como César Aira). Porque lo vanguardista nunca acaba de asentarse, me temo, y vuelve cíclicamente a llamar a la puerta de los editores y lectores, esperando quizá que sea su momento, el de cierta renovación, el de asumir el siglo en que se vive y se escribe. No sé. Tal vez el camino adecuado sea el de Aub, escribir por delante, o en paralelo a las corrientes que dominan. Y quedar en el presente continuo, a la espera del futuro.

Seguiremos leyendo.

Felices lecturas

Sr. E

lunes, 11 de enero de 2016

Buenos propósitos lectores

Mis propósitos lectores para 2.016

No suelo hacerme propósitos de año nuevo que luego poder incumplir alegremente. Ni como lector soy demasiado disciplinado. Raro es el mes en el que no planeo acercarme a cierta obra y bien no llego a sus cercanías o bien llego hasta ellas y siento que no es mi momento y sin mucho dolor devuelvo el libro a la estantería, bien sea la del salón o bien la de la biblioteca de la que lo cogí.

Pero no me canso de pensar en todo lo que tengo por leer y por releer y quizá no está mal dejármelo aquí apuntado para poder hacer balance a finales del año que empieza de lo cumplidor que he sido (advertido queda que no creo ni en la lectura ni en la escritura como disciplinas). Durante 2.016 me gustaría leer (o releer, según los casos):

James Ellroy: Devoré hace años el cuarteto de L.A. Me metí de lleno en Mis rincones oscuros, un libro que de vez en cuando hojeo, pero no he vuelto a lanzarme a la lectura de grandes libros de Ellroy. Y sé que aunque es un poco psicópata es el gran escritor de novela negra (de la que molesta, de la que duele) de esta época. Querría ponerme con alguno de los libros de su llamada Trilogía de los bajos fondos de EEUU (América, Seis de los grandes y Sangre vagabunda).

David Peace: Quiero releer el Red riding quartet, que fue la lectura que en 2.012 apunté como lo mejor de ese año. Una serie de 4 novelas negras (pero muy muy negras) escritas alrededor de crímenes oscuros en el norte de una Inglaterra que se deshacía. Desunión social, desmantelamiento de la industria, niebla, lluvia negra, y una prosa hipnótica, cercana a Ellroy, cercana a la mejor literatura que se escribe en el mundo.

El ciclo de El laberinto mágico de Max Aub: Después de haber quedado encandilado con La gallina ciega, intentaré ponerme con estas seis novelas, su obra cumbre, ambientadas en la Guerra civil, su postguerra, los campos de concentración que el propio autor conoció, el exilio, el desarraigo. Sé que será una lectura exigente, pero sé que puede ser muy satisfactoria.

Dostoievski: Sé que es un autor decisivo en la formación de toda la novelística posterior a su figura. Sea de manera directa o indirecta, está en mucho de lo que me interesa. Está en Kafka, está en Sabato, está en Menéndez Salmón, está en DeLillo, está en Balanzá, está en Roth, está en Coetzee. Pero debo reconocer que lo he leído poco. Algunos relatos, dos novelas cortas y de sus grandes novelas sólo Crimen y Castigo (ahora bien, fue una de esas lecturas que valen por un año de otras lecturas). Querría leer El idiota o Los demonios (de Los demonios he leído fragmentos muchas veces, querría leerla como novela completa de una vez). Los hermanos Karamazov, no sé por qué, y aunque sé que sonará a sacrilegio a algunos, me llama menos la atención.

El castillo, de Kafka: Hay libros que leo sin parar, con la esperanza de que me sirvan para aprender algo en esa carrera de fondo que es la escritura. Hay otros libros que he leído una única vez en mi vida y sé que cualquier relectura es inútil porque se me metieron en lo más profundo de la mente y allí siguen. De Kafka releo con mucha frecuencia sus relatos, y leí una única vez que me dejó marcado El proceso y América (que ahora creo que se llama El desaparecido). Nunca he leído El castillo, no sé muy bien por qué, quizá porque decidí reservarme algo para el futuro. Puede que haya llegado su momento.

Roberto Bolaño: Bolaño es probablemente el escritor que me acabó de contagiar la enfermedad de la escritura. Seguramente hay mucha gente de mi edad y parecida que se puso seriamente a escribir impulsada por Bolaño. No, al menos no en mi caso, con la intención (que sería estúpida) de tratar de escribir como él, aunque seguro que todos esos hijos bastardos tenemos dejes de su escritura. Pero sí con la fuerza que se desprende siempre de su escritura. Bolaño es un tipo que se lo jugaba todo a lo escrito, un escritor que empuja a escribir, que empuja sobre todo a leer más y más, de manera enfermiza. Me gustaría volver este año que empieza a leer una de las cumbres de Bolaño. Los detectives salvajes la he revisitado muchas veces, cada vez que se lo regalo a alguien lo releo, y lo he regalado varias veces. Seguramente relea 2.666, que sólo leí una vez, aunque mi primer Bolaño del año será La literatura nazi en América, un libro claramente borgiano que leí hace mucho y que se ha reeditado en bolsillo no hace demasiado.

Saul Bellow: Leí algunas de las grandes novelas de Bellow hace bastantes años: Herzog, Las aventuras de Augie March, puede que también El planeta de Mr. Sammler. Sé que no he leído El legado de Humboldt. Leí sus Cuentos reunidos hace un par de años y los disfruté mucho. Me pareció que sus textos estaban llenos de matices, espejos y profundidad. En 2015 leí un par de novelas breves. Creo que podría disfrutar mucho más de sus novelas ahora, con más años vividos, leídos y escritos.

V. S. Naipaul: Es un escritor por el que no acabo de decidirme. He leído algunos libros, pero nunca los centrales de su producción. Creo que leí un libro de viajes, unos relatos de sus comienzos y un breve texto sobre la lectura y la escritura. Me gustaron pero sé que no son los que lo convirtieron en un Premio Nobel. Admiro a muchos escritores que lo admiran, y a lectores y críticos que lo consideran probablemente el mejor escritor vivo. Me parecen razones más que suficientes para intentar que 2.016 sea el año en el que acercarme por fin a libros como Una casa para el Sr. Biswas o Entre los creyentes, que viven en mis estanterías desde hace tiempo.

Ernesto Sabato: Leí El túnel hace muchos años, cuando tenía dieciséis o diecisiete años y recuerdo aún la perturbación que me produjo. Leí El informe sobre ciegos en algún brumoso año, y también me pareció muy desasosegante. La lectura el año pasado de su ensayo El escritor y sus fantasmas me ha hecho verlo como un escritor cercano al mundo que me interesa, y me gustaría leer Sobre héroes y tumbas completo, y quizá incluso Abbadón el exterminador, aunque tal vez sea demasiada densidad para un mismo año y sea mejor separarlos.

Don DeLillo: He leído mucho y con atención a DeLillo en los últimos años, como ya he comentado alguna vez. Este próximo año quiero leer Americana, su primera novela, quizá alguno de sus breves ensayos sobre la creación, y su nueva novela, que creo que saldrá en breve.

Philip Roth: Roth es uno de los novelistas a los que más he leído. Me parece uno de los que mejor entiende las pequeñas y grandes guerras y tragedias que se producen en cada familia y en cada vida, día a día. Llega a un nivel de profundidad muy grande con un estilo bastante accesible, para nada complicado. Hace años, sin embargo, que terminé con todas sus novelas importantes, y me apetece rescatar alguna. Ahora mismo la elegida sería Pastoral americana, pero iremos viendo.

Kurt Vonnegut: Matadero cinco es para mí una novela de referencia. Y he leído un par de libros de relatos o similares que me parecieron brillantes. Me quedan muchos libros suyos por leer, y me gustaría ir entrando un poco más en su mundo. Combinado con ese deseo, también me gustaría leer de vez en cuando textos completos en inglés, y con tal fin tengo en la mesita desde hace meses Breakfast of champions, pero sigue en la página 30. Intentaré darle duro.

Casa lúgubre (anteriormente traducida como Casa desolada), de Charles Dickens: Igual que me sucede con Los demonios de Dostoyevski, probablemente ya haya leído la novela entera a base de fragmentos. La cojo, leo doscientas páginas, me la llevo a un viaje, leo otras cien, vuelve a la estantería, allí reposa seis meses, leo cien páginas al azar en un par de noches, etc. Querría leerla al completo este año.
El reino, de Emmanuele Carrère: Me gustó mucho El adversario. Me encantó Limonov. No me interesó tanto pero me pareció un buen libro Una novela rusa. Tomando sobre todo como referencia Limonov, que recuerdo estar leyendo con verdadera pasión, sé que quiero leer El reino. Si Carrère, con su peculiar estilo, logró que me importaran tanto las andanzas de un personaje tan raro y difícil de definir como Edvard Limónov, creo que por fuerza debe interesarme su recreación de la vida de Jesucristo. Aunque no es tanto, por lo que he leído y oído, un libro sobre Jesucristo como sobre la creación de su leyenda, y por extensión, me imagino, de la creación de las leyendas, algo que me interesa mucho. Quiero conocer también cómo es el acercamiento intelectual que hace en ese libro un no – creyente como Carrère, y cómo compone con los distintos elementos a los que se va acercando un libro que ya imagino apasionante.
Y claro, muchos libros más. Algunos ya pensados en mayor o menor medida, y apuntados en mis interminables listas de títulos y autores con los que acudir a las bibliotecas que suelo visitar. Otros esperando aparecer casualmente en mi camino.

Iremos viendo por dónde van las lecturas de 2.016

Empezaremos a comentarlas a finales de enero.

Sr. E

jueves, 31 de diciembre de 2015

Mis libros de 2015


Mis cuentos pendientes de 2.015.

Terminada la temporada 2.015 de lectura, creo que debo calificarla de muy buena. Debo reconocer, también, que por suerte, no recuerdo ningún año lector que no me haya descubierto nuevas voces ni me haya dejado indiferente con sus historias. Supongo que por eso leemos, esperando que el próximo año nos traiga lecturas tan buenas como el que se cierra (o incluso mejores). Y por eso es importante y siempre recomiendo abandonar pronto los libros que no nos estén aportando nada.

El esfuerzo de reducir un año de experiencias lectoras a una lista de títulos puede ser un poco fútil, no lo niego, pero creo que nos aporta lo que siempre nos aporta elegir, filtrar, jerarquizar. Hacemos una reflexión final sobre lo vivido en el año, recordamos buenas sensaciones y deslumbramientos; también decepciones, claro. Agradezco, llegados a este momento, haber ido tomando breves notas de lectura durante todos los meses del año, al ir acabando cada lectura.

Elegir siempre es difícil, y elegir siempre resulta injusto, pues siempre se quedan fuera libros que nos han gustado, pero creo que merece la pena hacerlo y tratar de limitar el número de libros a destacar. Hay libros a los que he vuelto en 2.015 que siempre estarían entre mis 10 mejores lecturas de cualquier año, por lo que no los considero de cara a esta lista, que formo únicamente con libros que he leído (o que he leído completamente en algunos casos) por primera vez. Este año he releído con gusto y provecho mi edición de Cuentos completos de Kafka, La novela luminosa de Mario Levrero, La velocidad de las cosas de Rodrigo Fresán, la Trilogía antiejemplar de Rafael Balanzá, American Gods de Neil Gaiman, algunos textos breves de Foster Wallace, un par de novelas de Houellebecq o El desierto de los tártaros, de Dino Buzzatti, por ejemplo.

Según termino mis lecturas, tomo unas anotaciones sobre el libro, y dejo marcados según un código de colores aquellos que me han parecido especialmente destacables. Llegados a estas alturas del año, esos títulos destacados (los que se habían adueñado totalmente de mi cabeza durante su lectura) eran un total de 16. Para mi lista – resumen he elegido sólo 10 libros, como la más tópica de las listas de final de año. En mis lecturas de este año veo algunas tendencias y novedades en mis lecturas. He leído mucho relato, como siempre. Aparte de algunas colecciones que me han interesado especialmente (La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas, Frente al espejo de una mujer, de Ismail Kadaré, El umbral de la noche, de Stephen King, Canción muda, de David Albahari, Los siete mensajeros y otros relatos, de Dino Buzzati), he leído algunas selecciones temáticas de relatos (Aguas negras: antología del relato fantástico, de Alberto Manguel, en Alianza, o Felices pesadillas, selección de terror de Valdemar) de un muy buen nivel medio, y capaces de encontrarle nuevos ángulos a géneros que consideramos ya conocidos, y también he leído los Cuentos completos de algunos autores (Graham Greene, J. G. Ballard), que me han parecido una manera muy interesante de abarcar la evolución narrativa de un mismo escritor, y una forma de lectura que repetiré en 2.016 (tal vez volver a leer los Cuentos completos de Borges, o leer todos los libros de relatos de Bolaño otra vez, o las selecciones de Fogwill o Tobias Wolff de Alfaguara, todos ellos libros de los que nunca me despego demasiado, tal vez releer a Poe, a quien creo que no leo desde los 15 años, de momento ya me compré los Cuentos completos de Bernard Malamud, debería ser el primero, para evitar ir acumulando libros de manera innecesaria en casa).

Entre mis lecturas preferidas hay dos autores de los que he elegido un libro suyo entre mis mejores lecturas desde 2.012, cuando los probé por primera vez (Don DeLillo y J. G. Ballard), y a los que seguiré leyendo. Después de algunos intentos, he llegado a disfrutar realmente de dos autores llamemos difíciles pero muy valorables una vez he entrado en su mundo: En el culo del mundo de Antonio Lobo Antunes y Señales que precederán el fin del mundo, de Yuri Herrera. Hay más autores españoles de lo que esperaba, y teniendo en cuenta que leo bastante más literatura anglosajona y en general extranjera que española, me sorprende ver tantos libros españoles entre los mejores que he leído, lo que supongo que significa que precisamente por no acercarme demasiado a ella, selecciono mucho más lo que voy a leer. Destaco especialmente como descubrimiento a dos autores a los que he llegado supongo que venciendo prejuicios y a los que quiero seguir leyendo: Gonzalo Torrente Ballester y Max Aub, quienes creo que están bastante olvidados de una forma bastante injusta.

No suelo leer demasiado ensayo, pero este año sí lo he hecho, tanto de temática sociológico – económica (Indies, hipsters, gafapastas, historia de una dominación cultural, de Víctor Lenore, La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo, de Gilles Lipovetsky, Chavs, la demonización de la clase obrera, de Owen Jones) como más cercana a la literatura y su práctica (Presencias reales, de George Steiner, Los mecanismos de la ficción, de James Woods, Sobre literatura, de Umberto Eco, Mientras escribo, de Stephen King, El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sábato).

Veo libros que no acaban de estar en géneros definidos, una literatura que siempre me ha interesado y por dónde creo que crecerá el futuro, por las difusas fronteras entre la narrativa, las formas memorialísticas y el ensayo, y dentro de la literatura de género negro a la que soy bastante aficionado, el descubrimiento más destacado fue Cold cold ground, de Adrian McKinty, un libro ambientado en el Ulster en la época del IRA. Este año no he leído ningún Ellroy ni a ningún peso pesado. Un par de Connollys, algún Simenon, autores que siempre me gustan. En ciencia ficción, dos buenos libros de Philip K. Dick (El hombre en el castillo y Fluyan mis lágrimas, dijo el policía), de quien hablé hace poco. He leído más clásicos y más rusos (Almas muertas, de Nicolai Gógol, El maestro y Margarita, de Mijail Bulgakov) que en otras ocasiones, y quiero seguir con la tendencia.

1. El día del Watusi, de Francisco Casavella, Ediciones Destino: Leí El día del Watusi en marzo. Mi mes de marzo sólo tiene apuntadas dos novelas, y seguro que leí más cosas, pero El día del Watusi es una de esas lecturas que absorbe toda la luz a su alrededor. Estoy por decir algo así como que es la mejor novela española de las dos últimas décadas. O de las tres últimas. No sé. No lo he leído todo en esos años, obviamente. Pero tampoco los que sí han elegido las mejores novelas de esa época. ¿Por qué me gustó? Porque tiene fuerza, autenticidad, chulería, potencia literaria, buen oído con el lenguaje, estilo, ambición. El día del Watusi es una novela de mil páginas de la que han dicho que resulta desequilibrada. Y muy probablemente lo sea, pero ese no puede ser su defecto. Su principal defecto es que no tenga otras doscientas o trescientas maravillosas páginas de desequilibrios. Porque retrata un mundo desequilibrado y la novela no puede estar perfectamente medida para hacerlo. El día del Watusi se publicó originalmente a partir de 2.002 como una trilogía. Tres novelas que giran principalmente, a mi entender, alrededor de la creación del mito. La novela está poblada de vividores que se creen sus mentiras y que venden motos sin parar. Y Casavella lee en las entrañas de Barcelona toda esas mentiras del pasado que construyeron su presente. Y quien dice Barcelona dice también España. Y quien dice mentiras dice política, y podríamos hablar de la cultura oficial, y puede leerse el trasfondo de todo eso que se llama la transición. La novela no tiene ni una página de desperdicio. Todo el mundo debería leerla. Dicen que quienes la leen se convierten al casavellismo. No me extraña que con un libro así escrito, así de ambicioso y así de crítico, Casavella no fuera el más popular de ninguna fiesta. Porque estuvo cerca de los del Kronen pero no fue de ellos. Ni por supuesto hubo un rincón para él en la oficialidad de la narrativa española. Sólo tuvo algo de reconocimiento cuando ganó el Nadal con Lo que sé de los vampiros (otra excelente novela, por cierto, aunque no tanto, mucho más medida, pero una de las pocas novelas históricas, si lo es, que me han gustado), poco antes de morir demasiado joven. Lo peor de este libro es pensar que Casavella no vaya a poder escribir nunca otra obra así. Cómo destaca un libro así entre el conformismo dominante en la narrativa española.


2. Diarios de las estrellas, de Stanislaw Lem, Alianza Editorial: Lem es uno de los principales escritores de ciencia ficción del siglo XX. Con la particularidad de haberlo sido desde detrás del telón de acero. Un autor del que Philip K. Dick llegó a decir que no existía, con todo lo que eso supone. Diarios de las estrellas relata los distintos viajes de Ijon Tichy en el tiempo y el espacio. Lem se sitúa en la gran tradición de la sátira desde la fantasía. Llevando a Tichy a otros mundos, aprovecha para criticar todo lo criticable de ese ser humano que habita y destroza la Tierra. Los textos del libro son relatos, se ajustan razonablemente a los parámetros de la ciencia ficción, pero sobre todo son reflexiones culturales y filosóficas de altísimo nivel. Lem disecciona el alma humana con un fino bisturí, y completa un libro divertidísimo, brillante, imposible de olvidar, adictivo.

3. La gallina ciega, de Max Aub, Alba Editorial: No hace demasiado que reseñé La gallina ciega.
Destaco especialmente su modernidad, su frescura, su visión crítica del postfranquismo que se estaba forjando en 1969 en España. Destaco que sea un libro de un importante autor español del siglo XX que ofrece una visión de la literatura mucho más contemporánea (mucho más en la línea de lo que se hace en el mundo) que lo que sigue considerando la literatura española a seguir, conformista, complaciente, que toma sus referencias en ella misma y así nos va.


4. Cuentos completos, de J. G. Ballard, RBA: Me lo compré el Día del Libro y me ha acompañado como lectura espaciada y continua prácticamente desde aquel día hasta el final del año.
En Ballard, y se ve perfectamente en sus relatos, tenemos la combinación de un profeta crítico con un prosista magnífico. La mayoría de escritores que me interesan son autores que siempre dan vueltas alrededor de unos pocos temas que se repiten. A lo largo de estos 95 relatos podemos ver la evolución y las circunvoluciones de un autor que siempre tenía algo importante de lo que advertirnos y una manera interesante de decírnoslo.

5. La piel, de Curzio Malaparte, Edición de Círculo de Lectores: Malaparte pertenecía a ese mundo intelectual que se generó entreguerras. Soldado raso en la primera, ideólogo del primer fascismo italiano, creador de revistas, eso que hoy en día se llama agitador cultural (un término bastante más descafeinado, por suerte en muchos aspectos), oficial en la segunda guerra mundial, encarcelado, cayó en una deriva ideológica que lo llevó hacia el maoísmo. Y entre medias escribió algunos libros magníficos por lo que cuentan. Desde luego éste lo es. Un libro de una densidad increíble, en el que cada línea transmite una gran cantidad de información y matices. Uno de esos a los que uno se traslada a vivir mientras lo está leyendo. http://cuentospendientessre.blogspot.com.es/2015/12/cuentos-pendientes-de-diciembre.html

6. Experiencia, de Martin Amis, Anagrama: Martin Amis escribió la que me parece una de las mejores novelas contemporáneas, La información. He leído otras novelas suyas muy buenas (Dinero, por ejemplo) aunque no de tanto nivel. Y he leído otros libros suyos que me han parecido insuficientes, siempre medidos desde el patrón de La información. Desde el mes de junio mediré sus libros (me han hablado muy bien de Campos de Londres, y está pendiente) en comparación con La información y también con este magnífico libro, Experiencia. Experiencia es un libro de memorias, o algo así. Amis no es seguramente el mejor escritor de su generación, aunque parece que él lo cree (no sé muy bien quién es el mejor escritor de su generación, la verdad, pero tengo claro que la anterior, la de los Roth o DeLillo les gana en fuerza y profundidad), pero sin duda es un gran prosista. Una página cualquiera de uno cualquiera de los libros de Amis que he leído tiene una calidad prosística muy alta. Amis es un estilista, y lo sabe, y reivindica a los estilistas, sitúandose en la estela de los Bellow (aunque considero que Bellow es un autor menos brillante pero mucho más fluido narrativamente que él) o Nabokov. Experiencia, las memorias de un hombre que apenas pasaba de los cincuenta años en el momento de escribirlas, nos regala imágenes y escenas dotadas de una gran viveza gracias a esa excelente prosa. Amis va repasando su experiencia vital, y la literaria, muy difícilmente desligables, desde su juventud de estudiante, hijo del novelista Kingsley Amis, casado en segundas nupcias con otra escritora. Habla de sus maestros, y de su padre. Habla de cómo escribió su primera novela, y de cómo se casó, de cómo tuvo hijos y su dentadura se fue pudriendo. Habla de muertes y reconstrucciones mandibulares. Habla de libros que triunfaron y amigos con los que se peleó. Habla de escritores a los que siempre admiró. De malentendidos y penas. De más libros. De Londres y Nueva York. De la relación con su padre. Del alcohol y la marihuana. De las modas. De las vacaciones en España. De los viajes. Del oscuro mundo de los agentes literarios. De la envidia. De la camaradería. De las ganas de seguir escribiendo. De la presión que supone creerse el mejor escritor del mundo. De lo que pasa cuando posiblemente, siendo un excelente escritor, no se es Bellow o Nabokov, como uno querría.

7. Libra, de Don DeLillo, Ediciones Austral: Este ha sido mi principal DeLillo del año. Una de sus cuatro grandes novelas. La gran novela sobre la mentira y la teoría de la conspiración por excelencia, la del asesinato de JFK. Igual que decía de El día del Watusi (quizá no sea casual que las dos únicas novelas sobre las que tengo anotaciones en el mes de marzo sean aquella y esta), creo que es una novela que se construye sobre la propia idea de la creación del mito. Y que no nos permite olvidar que al principio del mito, de cualquiera, con connotaciones religiosas o no, estuvo la mentira. No me extrañaría nada que Casavella hubiera sido un atento lector de Libra y de Submundo, quizá las dos novelas en las que el universo de DeLillo se deja fascinar más (y fascina más a sus lectores) por todo lo que no nos cuentan, por la penumbra, ya que DeLillo trabaja mucho más con la sombra que con la luz. Como ya dije en su momento, todo DeLillo es recomendable, es un autor al que cualquier lector dispuesto a dejarse deslumbrar por la gran literatura debería acercarse, aunque quizá Libra, como Submundo, no sean las más adecuadas como primer acercamiento. http://cuentospendientessre.blogspot.com.es/2015/10/el-planeta-delillo-iii.html
8. Felices pesadillas, relatos de terror de la Editorial Valdemar: Felices pesadillas es uno de los libros más conocidos de la que probablemente sea la editorial de referencia del género de terror y fantástico en España, Valdemar. El lector que se acerca a colecciones como El club Diógenes o Gótica sabe qué puede esperar, casi siempre libros de calidad. Felices pesadillas, publicado por primera vez en 2.003, recoge en casi mil páginas 40 relatos de 40 autores diferentes, la mayoría anglosajones, elegidos entre lo mejor del catálogo de los primeros 15 años de la editorial. La mayoría de los relatos se encuadran en la línea del relato gótico del siglo XIX, estén escritos en ese momento o después. Están los autores clásicos esperables. Y he leído con gusto a autores cuyos relatos no conocía, aunque sí sus novelas más populares (R. L. Stevenson, Bram Stoker, la editorial Valdemar tiene también algunas colecciones de relatos completas muy interesantes, estén más o menos cercanos al género). He leído autores de relatos clásicos a los que no había leído desde hacía mucho tiempo (E.T.A. Hoffman, Maupassant; aunque su cuento creo que es de los que menos se acerca al concepto de terror; Poe, de quien no recordaba lo bueno que me ha parecido en esta lectura Los hechos en el caso del Señor Valdemar). He leído un conocido cuento de fantasmas de Dickens (El guardavías) y uno de Wilkie Collins que es sobre todo un relato de misterio. Hay un relato clásico muy famoso: La pata de mono, de W.W. Jacobs, de quien muchas veces he oído decir que era un mal autor al que le salió una vez una historia redonda, ésta, que sin duda lo es. Uno de los cuentos que más extrañan en la selección es Ante la ley, de Kafka. Yo personalmente siento terror ante la burocracia y sus errores y sinsentidos, y supongo que por ahí va la idea. Están, aparte de los relatos que se salen más de lo canónico, todos los temas esperables en una selección de relatos de terror. De ellos, como bloque temático, quizá los que más me han gustado son los que se acercan al mundo vampírico. Pero lo mejor de estas antologías es que también nos dejan a los lectores una puerta abierta a autores que no conocíamos, en mi caso M. R. James o Le Fanu, aunque según parece son autores que los buenos conocedores del gótico del XIX tienen entre los básicos. Sigo sin verle la gracia a Lovecraft, con perdón de su legión de adoradores. Me gustó mucho el relato de género de Balzac, escritor realista donde los haya, y de los autores más recientes el más interesante sin duda es el relato de Richard Matheson, Grillos, que me decidió a buscar una selección de sus cuentos, también en Valdemar.

9. Mientras escribo, de Stephen King, Editorial DeBolsillo: Dentro de la serie de libros sobre literatura y el ejercicio de la escritura, tanto teóricos como centrados en el oficio y vida del escritor que he leído este año, puesto a elegir uno, elijo éste. Porque me parece el más sincero y el más accesible. Porque es divertido y podrían leerlo los alumnos de secundaria. Porque de él podrían aprender muchos escritores que miran a Stephen King por encima del hombro. King nos muestra lo que sabe del oficio, sin dejarse nada escondido. Y lo hace con buen oficio, sin tratar de impresionar a nadie, como sus obras de ficción, repitiendo mil veces que lo principal es leer y escribir. Tiene consejos útiles y tiene posibles relecturas. Es una lectura ágil y con interés para escritores, para aspirantes a escritores y en general para lectores, sean seguidores del autor o no.
10. Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo, Tusquets: Me gustó mucho esta novela escrita en 1.996 por su falta de ubicación dentro del canon de los principales caminos de la literatura española. Leí este libro y pensé eso que no deberíamos pensar pero que no puedo evitar pensar muchas veces cuando alguna obra me está gustando así: no parece española. Antonio Orejudo se parece a Rafael Reig, sus Fabulosas narraciones me recuerdan al Manual de literatura caníbal, y ahí acaban las referencias que encuentro entre sus contemporáneos. Orejudo se muestra aquí como un autor ambicioso, un lector potente que ha decidido revolver cánones y convenciones, dispuesto a provocar con su primera novela, siendo un desconocido. El hecho de que una novela se reedite más de una década después de su primera edición es síntoma suficiente del interés de quienes la leyeron en su momento. Muchos de los cuales dejaron rastros y recomendaciones que llevaron a otros a buscarla, para encontrar durante un tiempo muchas dificultades para dar con ella. Ahora incluso está en bolsillo. Todos los lectores de esta novela con los que me he encontrado coinciden en que es un libro que no deja indiferente. Y en general gusta bastante. Fabulosas narraciones por historias nos acerca a aquello que se llama la edad de plata de la cultura española. En un paisaje por el que transitan como personajes Lorca, Buñuel, Juan Ramón Jiménez y tantos otros, sigue las aventuras de tres aspirantes a literatos en la famosa Residencia de Estudiantes. Es un libro divertido, ácido, crítico con lo que era, es y será, me temo, el mundillo literario. Vemos cómo se limosnan recomendaciones, cómo se alaban medianías, cómo se asiste a conferencias de unos para fastidiar a otros, cómo el artista debe vencer la incomprensión social. Y vemos cómo algunos enloquecen ante la falta de reconocimiento. La literatura desemboca en el terrorismo menos veces de las que cabría esperar, viendo libros como éste. Le aplaudo a esta obra por ser atrevida, faltona, por meterse con santones de la literatura española a los que los novelistas actuales siguen citando en sus oraciones cada vez que presentan una nueva novela. Echo de menos esa mala leche en mucha de la literatura contemporánea española. Echo de menos que los profesores de instituto dejen de citar todos las mismas novelas del siglo XIX como las cimas insuperables de la literatura española. El ritmo es muy ágil, el lenguaje está muy pulido, la estructura encaja perfectamente, y durante toda su lectura no nos abandonará una sonrisa. Muy recomendable.

Espero que os animéis a leer alguno de estos libros durante el próximo año.

Os deseo un feliz 2016 lleno de buenas lecturas.

Volveremos a encontrarnos en enero.

Sr. E

sábado, 28 de noviembre de 2015

Cuentos pendientes de noviembre

Se acaba noviembre y ya me apetecía ordenar lecturas e ideas. Ha sido un mes productivo en cuanto a lecturas, bastante variadas y de muy alta calidad. Casi todos los libros a los que me he acercado han resultado interesantes, y en todos he aprendido algo. Raro es el mes (rara es la semana, prácticamente) en el que no empiezo un libro que abandono a las pocas páginas por sentir que no me va a apartar nada. Este mes eso apenas ha sucedido.

Destacando lo mejor del mes, acaban quedándome siete libros, variados: relato, ensayo político, novela clásica, ciencia ficción, españoles, americanos, rusos. Todos ellos recomendables. 


Lecturas destacadas del mes
Crematorio, de Rafael Chirbes, Editorial Anagrama: No había leído nada de Chirbes, aunque miraba de reojo Crematorio y En la orilla. La triste realidad es que sólo me decidí a leerlo este verano, después de su repentino fallecimiento. Me asombró, como a todos, esa cantidad de artículos de colegas que venían a decir cosas como: Chirbes no se dejó engañar. Chirbes hacía lo que quería hacer, no se había vendido. No como nosotros, parecían decir algunos. No sé si Chirbes no se vendió o es que a Chirbes nadie vino a comprarlo. Tampoco creo que se pueda decir sin faltar a la verdad que murió sin haber alcanzado el reconocimiento. Con sus dos últimas novelas había sido muy premiado y alabado por la crítica. Centrándome en la lectura: Crematorio se mete de lleno en los años de la burbuja, de la corrupción. Constructores que son como la mafia de las películas pero más zafios. La costa valenciana. Montañas de pisos de baja calidad para turistas vulgares. Me chirría un poco ese constructor que en realidad quería ser arquitecto y que mantiene unos gustos culturales y musicales que me parecen demasiado elevados. No me imagino a alguien que construya con tal soltura esos monstruos sin haber descuidado un poco más su alma. Me gusta mucho la construcción de los personajes de su familia. Chirbes es implacable con los socialdemócratas de salón que se ríen del constructor, se burlan de lo hortera de sus obras, critican lo que se está haciendo con el medio ambiente, pero todo sin dejar de chupar del bote que todos esos disparates llenaron. La novela es poderosa. Es rítmica. Te mece con su prosa. Los párrafos son densos, prolijos. No sé si es el estilo de todo Chirbes o es el estilo para esta novela. Para esta novela es el adecuado. Algo barroco, fallero. Me acercaré con interés a En la orilla en próximos meses.


Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón, Editorial Seix Barral: Siempre leo con interés a Menéndez Salmón. A veces me gusta más, a veces menos, pero siempre parece tener algo interesante que decir. No me pasa demasiado con novelistas españoles actuales. Leo siempre lo que sale de Balanzá, de Menéndez Salmón, de A. G. Porta, creo que de nadie más. He leído varias veces con el mismo escalofrío Derrumbe. Me inquietan sus cuentos. El corrector es fallida pero no creo que sea incoherente o innecesaria en su trayectoria. La ofensa no me pareció una novela tan buena como se dijo. La luz es más antigua que el amor me pareció muy interesante. Medusa me hipnotizó, quiero releerla. Llego a Niños en el tiempo pocas semanas después de leer que había ganado algún premio en América. Son 3 relatos largos. Relatos de infancias robadas. Leo el primero, La herida, a las siete de la mañana camino del trabajo. Me revuelve por dentro. Me lo trago del tirón y casi lo vomito. Nunca sé si los escritores con hijos deberíamos asomarnos a historias así. Menéndez Salmón lo ha hecho. Lo releo por la noche en casa, más tranquilo. Sigue doliéndome algo dentro en la segunda lectura. Menéndez Salmón es un autor expresionista. Paso al segundo relato, La cicatriz, al día siguiente. La infancia de Jesucristo. La que se quedó fuera de los evangelios. Con juego metaliterario incluido. Funciona. El juego y el relato, y la manera de acercarse a la infancia de Jesús de alguien que no cree en él. El tercero, La piel, cierra el triángulo. Me parece el más flojo. Bastante más flojo. Más juego metaliterario, sombras de los dos anteriores. No llega tan alto. Coge vuelo pero se cae. El libro, pese a ello, merece la pena de sobra. Leí la primera historia una tercera vez, poseído por ella.


La gallina ciega, de Max Aub. Alba Editorial: Max Aub fue un escritor de la generación del 27. Autor de relatos, dramaturgo, con los años transcurridos ha quedado sobre todo en novelista. Aub se fue al exilio después de la Guerra Civil (lo llevaron a un campo de concentración francés, concretamente, tres años después se fue al fin a México), y no volvió a España hasta 1969. Una breve visita, preparando un trabajo sobre Luis Buñuel. Max Aub vuelve a España para pasar unas pocas semanas y se encuentra con viejos amigos y viejos fantasmas. Durante esa visita escribe este diario. Max Aub se extraña de que nadie le recuerde. Pregunta en librerías, pregunta en universidades, a alguno le suena su nombre, pero nadie lo lee. Así sigue. Max Aub hoy en día es, con suerte, un nombre sobre el que se pasa en los cursos del instituto. Pero nadie lo lee. Es imposible encontrar El laberinto mágico en una edición de bolsillo. Ni La gallina ciega. Me parece injusto. Porque La gallina ciega me ha parecido uno de los mejores libros a los que me he lanzado este año. Lo he ido leyendo poco a poco, saboreándolo. Aub no parece un escritor español de los que salen en los libros de texto. Lo digo yo, que no suelo soportar los libros de esos autores. Es mucho más moderno que los Cela y Delibes y semejantes que yo he probado. Es mucho más moderno que muchos de los autores contemporáneos que dominan el panorama editorial desde la irrupción de la llamada nueva narrativa española. La gallina ciega juzga implacablemente la sociedad del último franquismo. Esa sociedad de la que nacería la transición, hoy en día tan cuestionada. Max Aub ya veía por dónde iban muchos de los movimientos en el mundillo cultural y político. Gente que no había movido un dedo en treinta años, que se había acomodado por ventajismo o cansancio, empezaba a colocarse en la casilla de salida. Habría que leer mucho más este libro para entender los últimos cuarenta años de historia. Y los cuarenta anteriores. Porque algunos que vivieron los primeros veían venir los segundos. Como Max Aub. Tantos años criticando el gusto patrio por las películas y novelas ambientadas en la Guerra Civil, con exceso de sentimentalismo y malos caricaturizables, y ahora estoy pensando en lanzarme a leer los seis libros de El laberinto mágico, porque creo que estarán lejos de ese maniqueísmo cómodo. Tengo que entrenar un poco para poder abarcarlos. Creo que me gustarán.


Chavs, la demonización de la clase obrera, de Owen Jones, Editorial Capitán Swing: La tesis es atractiva. La derecha neoliberal ha acabado con la clase obrera a base de ridiculizarla, hacerla parecer vaga, inculta, despreciable. La clase obrera, según la tesis principal del libro, ha sido presentada como chav (aquí en España serían canis, chonis …). Maleducados, dados a los embarazos adolescentes, vagos, acostumbrados al subsidio, … Nadie quiere ser de una clase obrera así. Una canción como Working class hero de John Lennon queda lejos. Nadie se reconoce como clase obrera desde la silenciosa revolución neoliberal de los ochenta. Lo que Owen Jones plantea es que el sentimiento de clase desapareció cuando dejó de haber industria, obreros y mineros. También dice que esos chavs son ridiculizados, algo que nadie hubiera hecho en los setenta con los punks. Obvia, a mi entender, que los punks eran per se personas politizadas, en lucha contra el sistema, mientras que ese estereotipo que ve telebasura, come mal, bebe y vive del trampeo no está luchando por la revolución precisamente. Owen Jones clama desde el desierto de la izquierda británica y señala todas las batallas que esta ha perdido desde la llegada de Thatcher al poder a finales de los setenta. Las que ha perdido y las que sencillamente no ha dado. Denuncia la complicidad a veces inconscientes de la izquierda denominada moderada, esa a la que la misma derecha aplaude por su responsabilidad, por no oponerse jamás a las reformas que proponen diciendo que son necesarias, los tontos útiles. Señala un plan diseñado cuidadosamente siguiendo las ideas de Milton Friedman. Había que acabar con cualquier pensamiento y sentimiento colectivo. La historia había terminado y no tenían sentido las luchas de clases. Ellos habían ganado y debía quedar claro. Y para que la victoria fuera más eficaz debía ser silenciosa. Se desmontaron los sindicatos británicos, se resistieron las huelgas mineras de la década de los ochenta, se criminalizó a los parados y a los pobres. Se les quitó la manera de ganarse la vida y se les criticó por haberse quedado en paro. Se crearon tópicos sobre la clase obrera que no la dejaban en buen lugar. Se hizo creer a todos que los que salían hacia delante lo hacían únicamente por su esfuerzo, y quienes se quedaban atrás lo hacían por no esforzarse lo suficiente. Como si ser hijo de una familia desestructurada en un barrio pobre en el que abundan las drogas no tuviera ninguna influencia en el fracaso escolar, por ejemplo. Se deshicieron comunidades. Se incitó a lo que los sociólogos acabaron llamando guerra entre pobres. Uno de los puntos clave que Owen Jones señala es que por primera vez en la historia la avaricia empezó a estar bien vista socialmente. Se supuso que si muchos perseguían su bien personal eso de alguna manera traería una mejora para todos. Se dio la vuelta a gran parte del sistema de valores dominante. Para ello se tergiversaron estadísticas. Se hizo categoría de casos particulares. Se persiguió que la clase media desconfiara de cualquier subsidio o subvención, y se azuzó el egoísmo. Seguramente Owen Jones tiene razón en muchas de sus percepciones. Seguramente hay que trazar los paralelismos entre Reino Unido, de un clasismo muy estratificado desde siempre y cualquier otro punto. Pero probablemente su tesis más interesante, aunque no aparezca más que de manera tangencial para apoyar otras ideas, es que esta nueva derecha neoliberal, que se presenta como desideologizada (cuando muy posiblemente son en muchas disputas los únicos que tienen una posición claramente ideológica), como la voz del sentido común, es muchas veces, además de perversa, idiota. Hay un ejemplo brillante, en el que Margaret Thatcher, ante el asombro de periodistas, explica que quiere desmontar unas centrales eléctricas para montar un parque de atracciones porque ese es el futuro. Seguimos oyendo anuncios de esos futuros. Hechos por los mismos que anunciaron otros futuros hace no tanto como para que se haya olvidado. Los que ahora tratan de traer el futuro en forma de plan de reforma para Campamento o Chamartín en Madrid. Hablando siempre de cientos de miles de puestos de trabajo. Jones insiste en que el único trabajo al que puede aspirar mucha gente desde hace un par de décadas es en un supermercado. Se trata de un libro que lleva a pensar en ciertas dinámicas automatizadas de nuestra sociedad. Lleva un par de años siendo una lectura cada vez más visible dentro de eso que se llama economía o sociología crítica. Quizá el reciente programa de Salvados en el que el autor aparece le dé un nuevo empujón. Creo que merece la pena echarle un ojo.



Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick, Editorial Booket: ¿Es un motivo suficiente para llegar hasta un libro su título? En este caso lo fue. Es cierto que K. Dick es un autor que me interesa, al que no he leído en profundidad, pero del que me han interesado hasta el momento todos los libros a los que me he acercado (las dos novelas del au
tor que he leído con más atención han sido Valis (si se puede considerar una novela) y El hombre en el castillo). Supe que quería leerlo desde que leí por primera vez su título, y han pasado al menos tres años hasta que al final he podido llegar a él. Hace cosa de un mes vi que al fin había salido una edición en bolsillo y me hice con ella. Cuando se estrenó Origen, de Christopher Nolan, leí a alguien que comentando la película decía: después de ver esta película no podemos negar que uno de los artistas más influyentes de los últimos cien años es Philip K. Dick. Y probablemente, por ser su influencia indirecta y poco consciente, es mucho más poderosa. Rodrigo Fresán y Roberto Bolaño insistían en que Dick es uno de los mejores autores americanos del siglo XX, géneros aparte. Y realmente tratar de encasillarlo como un autor de género es quedarse muy corto. Aunque se le suela clasificar como autor de ciencia ficción, y obviamente lo es, creo que es también, y quizá por encima de todo, un autor existencialista. No a la manera de Camus o Sábato, sino de una manera mucho más radical. Dick se plantea en todo lo que he leído de él si el mundo en el que habitamos es tal, o simplemente es un mundo en el que creemos habitar, como inocentes seres engañados. En Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, el protagonista, un famoso cantante y presentador de televisión, de repente, se ve expuesto a un mundo que parece idéntico al que conocía pero en el que nadie parece reconocerlo, a él, que hasta ayer era una celebridad. El contexto es de ciencia ficción, con drogas controladas por el poder que permiten llegar a casi cualquier sensación, un estado cuasi policial, algunas de los miedos constantes de Dick. El protagonista es un experimento humano, una evolución de seres artificiales que se cuestionan su existencia, otra de sus constantes. La prosa se despliega en párrafos enrevesados, fruto de una mente torturada por las drogas y la paranoia, la que mejor puede meterse en la mente de personajes como los que maneja. Hay hallazgos poéticos muy potentes y pasajes de acción y reflexión que se van alternando. El protagonista debe esconderse de un policía que a su vez vive lleno de secretos, y que acaba culpándolo de un asesinato. La novela es como todas las obras de Philip K. Dick una epopeya lisérgica. Me apetece volver a sus mundos de pesadilla pronto, pero tampoco demasiado pronto, seguramente aún me dedique a pensar en este libros unos meses antes de leer otro.



El maestro y margarita, de Mijail Bulgakov, Colección de Clásicos del siglo XX del diario El País: Todo el mundo sabe que esta fue una novela prohibida en la URSS. Como otras muchas. No se publicó hasta dos décadas después de ser escrita en pleno stalinismo. Lo que no sé si tanta gente sabe es que es una novela brillante, divertidísima. Yo no lo sabía. La tenía por casa desde hace un par de años y no me había animado a cogerla. Una noche sin nada particular que leer, y sin mucho tiempo para ello, porque ya era tarde, lo cogí de la estantería. Leí más de 100 páginas del tirón. Es una novela satírica. El diablo visita la URSS y se dedica sobre todo a malmeter y crear el caos entre los literatos de la oficialidad. Me he reído leyendo en la cama por la noche. Pocas páginas del siglo XX (soy consciente de lo grandilocuente de esta afirmación, sobre todo viniendo de alguien que no ha leído todavía a Proust, por poner solamente un ejemplo de la incompletitud de mis lecturas) alcanzan el vuelo mágico del pasaje en que Jesucristo se presenta ante Poncio Pilatos y niega tener ningún poder sobrenatural, achacándole todos sus problemas a ese recaudador de impuestos llamado Mateo que ha dado en ir detrás de él e inventarse historias y le está buscando la ruina. Pocas metáforas pueden situarnos tan cerca del borde del abismo de las infinitas posibilidades de la ficción imaginativa como imaginar que al margen de lo que cada uno crea de la naturaleza divina de Jesucristo, ni siquiera fuera un personaje parecido al relatado, sino una invención desmedida de un novelista palestino de su tiempo, que ha pasado a la historia como evangelista. Me ha encantado el retrato despiadado de ese sistema burocratizado de escritores que viven más pendientes de su posición en el escalafón que de ser buenos escritores. Y he pensado que inevitablemente sigue existiendo algo parecido, incluso en 2015, seguramente también en España entre los escritores a los que se les reparten los reconocimientos y las reverencias, como si estuviéramos en la URSS de la década de los 40 o la Albania que retrata Kadaré en los 60. Quizá incluso con el peligro que añade que una situación no sea tan visible y ridiculizable como la de las dictaduras.



Cambios de última hora, de Elena Alonso Frayle, Ediciones Baile del Sol: Elena Alonso Frayle y yo compartimos editorial, Baile del Sol, y desde que me llamaron para anunciarme la concesión del Premio Manuel Llano de Cuentos compartimos también esa muesca en el revólver (ella lo ganó en 2.013). Compartimos, me parece, sobre todo, el amor por los cuentos, y por los cuentos bien hechos. Al margen de la calidad que uno alcance luego como autor, los que nos dedicamos con verdadera entrega a la escritura, y particularmente a la escritura de ese género maravilloso que son los relatos, reconocemos enseguida a los autores que se acercan a ellos desde el máximo respeto y dedicación. Y aquí hay una muy buena autora. Los relatos recogidos en esta selección de Baile del Sol recogen relatos premiados aquí y allá, porque Elena Alonso ha ganado en los últimos años muchos de los premios señeros de relato en España (como el Ignacio Aldecoa o el Juan Martín Sauras, por ejemplo, y según he leído acaba de ganar el Gabriel Aresti de cuentos del ayuntamiento de Bilbao, no sólo eso, sino que también ha ganado el 2º Premio, algo que debe ser un caso casi único). Los relatos saben a elaboración casera, pausada. Todo está muy bien pensado y encaja. Tienen musicalidad y tienen encanto. Tienen todos un toque cercano al fantástico, un corte tradicional que la emparenta con los Bioy Casares, Merino, Fernández Cubas etc. No inventa nada pero todo está construido con gusto. La búsqueda de otros mundos detrás del llamado mundo normal, el misterio de las cosas de diario. Los relatos toman motivos clásicos del fantástico que pueden rastrearse desde Poe, nunca más de cinco o diez temas, y les da una mirada personal. Me han gustado muchos relatos, pero recomiendo especialmente Felice cuenta, que definiría, por si alguien lo necesita, como una aventura metaliteraria entre hermanas.



Relecturas:


Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de DFW, Editorial DeBolsillo: A David Foster Wallace le encargaron que se fuera en uno de esos cruceros de lujo que recuerdan a Vacaciones en el mar. Y allí que se fue a un crucero hortera por el Caribe, con salida en Florida. Con lo que era Foster Wallace y con lo que deben ser esos cruceros, el choque estaba garantizado. Y es un choque brillante. Pocas veces un libro sobre un tema tan poco interesante me ha dicho más. Saca petróleo del tedio (algo que en general hizo en su obra como nadie). El inicio y el planteamiento son sencillamente brillantes. Y leer a Foster Wallace siempre tiene algo de clase de sintaxis avanzada para cualquiera que se dedique al asunto de juntar letras. Merece la pena el libro, que se lee en menos de dos horas, y que para aquellos a quienes pueda intimidar su leyenda depresiva (y hay pasajes angustiosos aquí también, de hombre encerrado, pero DFW intentaba ser un hombre aferrado a la vida, a la suya, con sus subidas y bajadas, pero no era un depresivo en la permanente oscuridad, sino que luchó contra esa oscuridad tanto como pudo) y su fama de autor complicado, puede ser una excelente manera de iniciarse en sus libros.



Abandonos: 

El jilguero, de Donna Tart, Editorial DeBolsillo: Me compré esta novela en la Feria del Libro del último mes de junio. La cogí en agosto con la esperanza de que fuera uno de esos libros gordos especialmente reconfortantes en verano. Un bestseller de calidad o como quisiéramos llamarlo. Lo he cogido y dejado muchas veces, pero me rindo. He llegado a las 500 páginas. Y me ha parecido vacío en todo momento. Las situaciones predecibles, los personajes tópicos. Creo que ganó el Pullitzer. Seguro que hay quien dice que está años luz por encima de los bestsellers al uso. Y seguro que lo está. Pero eso es una cosa y otra que libros así vayan a llevarse los Pullitzer o Booker del futuro.


Seguiré con:

Cuentos completos de J. G. Ballard. Estoy embarcado en ellos desde hace meses. Me gustaría que no se terminaran nunca. El libro tiene 95 relatos. Mundos oscuros que me provocan deliciosas pesadillas. Burlas perfectas del mundo del mañana, ese en el que nos despertamos cada día. Miedos. Parafilias. Aún me quedan unos cuantos.

Servidumbre humana, de William Somerset Maugham. Una novela que funciona bien. Dickensiana. Niño huérfano que va creciendo. La compré porque Levrero habla (y muy bien) de de ella en La novela luminosa. No me pide leerla del tirón pero no me desagrada cogerla de vez en cuando, arbitrariamente, por la mañana, y avanzar unos cuantos capítulos en el metro.

Manhattan Transfer, de John Dos Passos. Hago algo parecido a la anterior. Debe hacer un año que la empecé. Entiendo su importancia histórica, pero a día de hoy creo que cualquier autor contemporáneo (que pretenda sonar a contemporáneo, no de esos que dicen: yo me encierro en casa con Shakespeare, lo más moderno que he leído es Galdós, nunca leo autores contemporáneos, aunque todos sepamos que es mentira) tiene tan interiorizado este fragmentarismo (valga la palabra) que no creo que haya que leerla tratando de aprender nada d ella, sino simplemente como lo que es, una novela muy sólida, muy bien escrita, con ritmo, con una trama al final tan dispersa que puede ir y venir en metro sin que nos perdamos, porque nunca estamos del todo dentro de ella, dicho sea con admiración, porque creo que es el estado natural de esta obra.

Me acercaré a:


Entre los creyentes y Al límite de la fe, de V. S. Naipaul. He leído muy poco de Naipaul, y me apetece leer más. Creo que es sin duda uno de los escasos novelistas realmente importantes de su tiempo (junto a Coetzee y pocos más), y uno de esos Premios Nobel de indiscutible valor literario. Me interesa ver cómo se acerca a países islámicos pero no árabes, desde la mirada del de fuera, o desde el que se acerca alejándose, o se aleja desde cerca, o como sea exactamente lo que he entendido de momento de la mirada de Naipaul sobre el mundo, el conflicto permanente entre estar e irse, ser y aparentar, colonia y capital.

Curzio Malaparte. Me lo han recomendado varias veces. Me lo han vendido como un escritor con una prosa autoritaria y casi fascista. Eso sí, muy brillante. Expresionista. Quiero leerlo. Tratando de obviar sus posiciones políticas. Su fascismo primitivo al lado del mismo Mussolini, quien acabó encarcelándolo. Su fin ideológico en el maoísmo. Porque supongo que hay quien nace para fanático, y quien nace para personaje de sí mismo. Y algunos para las dos cosas juntas. Quiero probar sus páginas. He cogido en la biblioteca los relatos de Sodoma y Gomorra, y compré en un mercadillo La piel por 2 euros.

El hombre rebelde, de Albert Camus. Este verano estuve leyéndolo un poco. Me pareció denso, interesante, brillante. Quiero profundizar más en este libro.

Jacques Abeille. Me han recomendado a este autor francés. Brillante, original, único, todos esos tópicos excesivos. Pero me fío de quien me lo ha recomendado. Y la editorial con la que está en España, Sexto Piso, toca de vez en cuando palos muy brillantes. El último libro de un autor francés que me recomendaron fue Vestido de novia, de Pierre Lemaitre, que me pareció muy decepcionante (por no decir que me pareció una mierda), y no creo que vaya a ser peor. La editorial lo compara con Julien Cracq (al que desconozco) e incluso Tolkien, lo que me da bastante miedo porque siempre me ha parecido el colmo de la erudición aburrida.
 
Espero que el nuevo formato del blog os resulte interesante a los que os acerquéis hasta él. Espero sobre todo llamar vuestra atención sobre algún libro que me ha interesado a mí.

Espero por último que diciembre traiga también buenos libros.

Hasta entonces.

Buenas lecturas

Sr. E