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lunes, 22 de abril de 2019

Algunas ideas para el Día del Libro 2019


Algunas ideas para el Día del Libro 2019:

Junto con las recomendaciones veraniegas y el balance de final de año, la entrada del Día del Libro es de las que repito cada año. Sigo participando, año tras año, en algo tan absurdo como las celebraciones del Día (y la Noche) del Libro, y lo hago con la ilusión de un niño más pequeño en la noche de los Reyes Magos. Iré a ver alguna conferencia, pasaré por librerías, aprovecharé para comprarme algún libro con descuento y haré regalos. Pensando en mis propios deseos y en ideas para regalar a otras personas, acabo encontrándome con una lista de libros que pueden ser buenas ideas, que quizá en alguien despierten las ganas de leer alguno de los títulos o sirvan a su vez como inspiración para regalar un libro.


Narrativa negra / negrísima: Aunque intenten colarnos la novela negra como una hermana cualquiera de la novela de misterio y de detectives, y en el fondo como otra forma más de entretenimiento (siendo el entretenimiento el hermano blando e inofensivo de la literatura y el arte), la novela negra de verdad, la buena, siempre ha mirado en los peores charcos, y los grandes herederos de esa novela con vocación social siguen haciéndolo. Me permito recomendar a mis dos autores preferidos en ese aspecto, y sus obras maestras: El Red Riding Quartet, de David Peace (Alba Editorial): Siempre hablo con admiración y maravilla del Cuarteto de Red Riding (1974, 1977, 1980 y 1983), una saga brillante y oscura de novela negra (negrísima), de David Peace. La leí a finales de 2012 y vive desde entonces en mi memoria. Llevo años recomendándola en esta clase de entradas y este año he pensado que me la regalaré a mí mismo, con la intención de releerla en verano. Es prosa de primera con una trama que provoca arcadas en algunas páginas, de tan oscuro que pinta el mundo.

L. A. Confidencial y / o La Dalia Negra, de James Ellroy: Ellroy es uno de los antecesores más claros de lo que hace Peace. Los dos escriben de un modo excelente y crudo sobre asesinatos, compatibilizan de un modo impactante la parte más detestable de la sociedad y la psique humana con la prosa más artística, y lo mezclan con retratos costumbristas de épocas llenas de conflictos (el fin del mundo industrial británico en el caso de Peace, los suburbios de Hollywood y el anverso del sueño americano en el caso de Ellroy). No me gustan tanto el Ellroy más reciente, demasiado perro furioso para mi gusto, pero el reencuentro con todo su Cuarteto de Los Ángeles es una alegría, y la mejor manera de empezar su lectura creo que sería con estas dos novelas, ambas llevadas al cine, en una versión excelente (L. A. Confidential) y otra muy discutible (La Dalia Negra).

Narrativa contemporánea: Si lo que queremos es comprender mejor el mundo en el que vivimos, o recrearnos en sus conflictos, debemos acudir siempre a las estanterías de literatura contemporánea, pero no a las del los bestsellers, sino a las de aquellos libros que en las formas literarias que sean, explican y a la vez cuestionan nuestra sociedad. Propongo buscar un ejemplar de No, mamá, no, de Verity Bargate (Alba) si queremos ver un retrato que ha cumplido los cuarenta años de lo que significa y significó ser madre y sentirse descolocada, y cómo salir (o no) de la sensación de desamparo y extrañeza. O Canción dulce, de Leila Slimani (Cabaret Voltaire) si lo que queremos es no dormir durante un par de semanas si somos padres y dejamos a nuestros hijos algunas horas de la semana en las manos de una niñera encantadora, perfecta, que lo hace todo bien, pero, que nunca se sabe, ¿verdad?. Y por terminar con la contemporaneidad y la maternidad / paternidad y el miedo a todo lo que puede pasar y hacer que lo que tenemos se rompa, La casa de los lamentos, de la australiana Helen Garner (Libros del KO), es una maravilla a la vez que una bestialidad. Retrata, en la forma de una novela de no – ficción, uno de esos casos, que resumidos sin más, suenan a telefilm, y demuestran una vez más, que lo importante de la literatura no está (casi nunca) en qué se cuenta sino en la forma que se le puede llegar a dar y el conflicto que puede nacer y el desasosiego que puede generar en el lector.

En este caso, un padre recién separado va con sus tres hijos en el coche, pierde el control, se caen a un río y los tres niños mueren, solo él sobrevive. Hay serias sospechas sobre su versión de lo sucedido, y casi nadie quiere creele. ¿Ha sido un asesinato? ¿Hay crimen más horrible? En esta misma línea contemporánea y de mirar a los claroscuros, recomiendo un par de Novelas gráficas: Piruetas, de Tillie Walden (Norma Editorial), y Niño prodigio, de Michael Kupperman (Blackie Books).



Ensayos o crónicas: Me pillan ahora mismo leyendo estos dos libros. Uno es una maravilla, El escritor y el mundo, de V. S. Naipaul (Debate). Se trata de una maravilla exigente, desbordante, llena de ironía, originalidad en la mirada, sarcasmo, y un desapego respecto a lo que está retratando que convierte sus crónicas en miradas muy originales y ricas sobre lo retratado, que va desde la India o América del Sur a una convención republicana en Dallas o el mundillo literario británico. La dulce ciencia, de A. J. Liebling (Capitán Swing) es un libro menor, una recolección de ensayitos sobre el boxeo y crónicas de combates célebres. Mi interés en el boxeo es pequeño, o menos que pequeño, pero el libro es uno de esos que consigue mantenerte atrapado alrededor de un tema ajeno, y eso, es magia. Retrata el fin de un imperio, de un modo de ver el mundo, de una afición, y siempre es interesante seguir la historia de los derrumbes pasados.


Clásicos que podrían ser buenas ideas: Desde luego Moby Dick, de Herman Melville, siempre será un buen regalo, y hay ediciones baratas muy cómodas de leer (las de Alianza, por ejemplo). Llevo un tiempo leyendo muchas críticas a la novela, que si le sobran páginas, que si se demora demasiado con la descripción de las ballenas, la vida de los pescadores, etc. Sigue siendo una maravilla, y siempre encontraremos quien no la haya leído y pueda sorprenderse con ella. Para sorprendernos con la plácida belleza de los cuentos bien hechos, una buena idea serían los Cuentos de San Petersburgo, de Nikolái Gógol (Cátedra), que contienen al menos tres obras maestras del género (El capote, La nariz, Avenida Nevski). Mi interés personal (esas lecturas y recomendaciones que te llevan a otras lecturas y recomendaciones) me han llevado en las últimas semanas a querer estrenarme con Balzac, y no sé si lanzarme a por La piel de zapa (Alianza) o Las ilusiones perdidas (DeBolsillo).


Philip Roth, I. B. Singer y algo más: El año pasado murió Philip Roth y aunque no sabría muy bien cuál es mi libro preferido o cuál recomendar a alguien para empezar a leer su obra, creo que no sería una mala idea para nadie interesado en una literatura de primera calidad, profundamente humana (también con todos los aspectos negativos de la especie humana, por lo tanto) pero accesible a casi cualquier lector probar suerte con Pastoral americana, Me casé con un comunista, La mancha humana o la trilogía de Zuckerman encadenado. Mi último buen momento con Roth fue con Némesis, que también podría gustar a mucha gente. A modo de regalo propondría los Cuentos de Isaac Bashevis Singer (Lumen), que son una verdadera maravilla y seguramente su obra mayor, pero tampoco está nada mal y es también una experiencia lectora enriquecedora su novela Sombras sobre el Hudson. Su hermano, Israel Yehoshua Singer, no es tan conocido (entre otras cosas porque no ganó el Nobel), pero tiene también un par de novelones – sagas familiares que se leen muy bien y con mucho gusto, recomiendo especialmente La familia Karnowsky (Acantilado).


Apuesta a ciegas. Si alguien aún no los ha leído: Solo puedo recomendarle que corra inmediatamente a una librería y aproveche el descuento para hacerse con La novela luminosa, de Mario Levrero o Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Háganse el favor. Yo, que los tengo leídos y releídos, me he topado con la prosa hipnótica de Thomas Pynchon, a quien había evitado hasta ahora. Empecé con Al límite, que parece de las fáciles, pero me hizo pensar que quería subir la apuesta y me haré con El arcoiris de gravedad (Tusquets) o Mason y Dixon (Tusquets) en alguna edición de bolsillo que llevar en el metro en las próximas semanas. También animo a quien esté leyendo estas líneas a lanzarse a por algún libro de Dovlátov, mi gran apuesta de lo que va de 2019, valgan por ejemplo El oficio o La maleta (ambos en Fulgencio Pimentel), y espero que pronto lleguen a editar La zona. Y aunque es amigo y presenté en noviembre su libro, e intento que no parezca que el blog se alimenta de relaciones personales, sí animo a quien nunca lo haya leído a darle una lectura a Miguel Ángel González y probar con Todos los miedos (Siruela) o Cariño (Alianza).


Libros infantiles: Babar, todas las historias, de Jean de Brunhoff (Blackie Books).
¿De qué color es un beso? o La montaña de libros más alta del mundo, de Rocío Bonilla.
Soy un artista, de Marta Altés.
De vuelta a casa, Perdido y encontrado o Cómo atrapar una estrella, de Oliver Jeffers.
Inventario ilustrado de animales, Inventario ilustrado de insectos, Inventario ilustrado de aves, Inventario ilustrado de animales con cola, etc.

Seguiremos leyendo

Felices lecturas, esta semana y todas las del año.

Sr. E

viernes, 21 de abril de 2017

Algunos libros para el Día del Libro

23 de abril, Día del Libro: Algunos libros


 De las fiestas del consumo en las que participo, que supongo que son más de las que quiero reconocer, una a la que acudo con gusto es al Día del Libro. Me gusta ir a presentaciones, a lecturas, a mesas redondas, o simplemente a espiar a otros lectores y a ojear libros, y siempre compro alguno, para mí y para regalar. Igual que cuando uno va al supermercado es recomendable hacerlo sin hambre y con una lista de la compra lo más completa posible, para evitar desvaríos, también me gusta ir a aprovechar el habitual 10% de descuento de estas fechas con una lista cerrada de posibles compras.

No me haré con todos esos libros, claro, porque la economía da para lo justo. ¿Qué libros ojearé, cuáles pescaré, cuáles acabarán en mis estanterías y me harán compañía este próximo verano? Eso lo dejaremos un poco al azar del fin de semana, a ese posible párrafo que me atrape en el momento justo de la cata literaria. He revisado el archivo del blog y veo que sigo sin haber leído algunos de los libros que entonces me planteaba, y más aún, que algunos de ellos vuelven a mi lista de la compra. También influye, me imagino, de dónde voy en cuanto a libros entre manos, y a cuáles voy ya en un plan de lecturas definido. Ando terminando Europa central, de William T. Vollmann, y sin acabar de lanzarme del todo a Los reconocimientos, de William Gaddis. Releo relatos que ya he leído mil veces y complemento mis lecturas de ficción con el Curso de Literatura Rusa de Nabokov.


El Día del Libro 2017 empieza con trampa, porque como este fin de semana no estaré en casa, regalé y me regalé un par de libros con un mes de antelación, con dedicatoria y firma falseadas. La historia, hasta la personal, es un cuento, y los cuentos, falsificación. El primer libro elegido fue Los reconocimientos, de William Gaddis, tras dudar entre esta novela y Su pasatiempo favorito. Los reconocimientos es una novela de la que debo confesar que he leído el prólogo unas 5 veces, y se lo he leído a algunos amigos lectores, y en cuyos caminos me he adentrado hasta las 150 primeras páginas, una experiencia que de momento es satisfactoria (muy satisfactoria).


El otro regalo adelantado fue Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff. Normalmente confío muy poco en el criterio lector ajeno, y salvo en el caso de 3 – 4 personas de toda confianza como lectores, es muy raro que vaya a buscar una recomendación de alguien. Prefiero llegar yo por mi cuenta a los libros, rastreando autores, novedades a veces, curioseando en las bibliotecas. Pero dos personas me recomendaron este libro con tal fuerza y tal pasión que pensé que a veces hay que dejarse influir. Esas personas me dijeron que nunca habían leído un libro así, tan potente, tal personal, tan auténtico, tan (en el mejor de los sentidos, espero) poco literario.



Estoy saliendo muy satisfecho de Europa central, de William T. Vollmann. He visto que Pálido fuego ha editado hace poco su última novela (su última novela en España, el libro es del 2000), La familia real, una epopeya apocalíptica en San Francisco, una novela total. Los libros que he leído de Pálido fuego son bonitos, bien cuidados, bien trabajados, y acceder a un texto de Vollmann, que escasean en España, y en una edición bien trabajada, es una tentación. Aunque, por otro lado, dos novelones de Vollmann, teniendo a Gaddis a la espera, y también La broma infinita, de Foster Wallace, puedan ser demasiado. Quizá el libro de relatos Historias del arcoíris, también de la misma editorial, sea una solución intermedia.


En los últimos años me han pillado un poco fuera de juego dos de las grandes modas culturales (no digo moda como algo peyorativo, simplemente constatando una popularidad que ha ido creciendo mucho en ese tiempo). La de las series de televisión y la de las novelas gráficas. Veo series de televisión, algunas, pero sigo prefiriendo ir al cine. Y sobre todo no siento estar haciendo un acto cultural supremo, como observo comentar, si una noche me siento a ver una serie en Netflix. La otra es la de las novelas gráficas. Siempre he leído algunos cómics, y me parece que el cambio de nombre dominante, de cómic a novela gráfica, esconde un cierto complejo. Como si leer cómics fuera algo a esconder, y leer novelas gráficas algo mucho más digno. Leo poco cómic al cabo del año, pero cuando lo leo suele gustarme. Encuentro historias con las que aprendo, y que me permiten acercamientos a realidades que no conozco de un modo más ligero que mediante ensayos o biografías. Glenn Gould es uno de los pianistas más conocidos del siglo XX, y uno de los más brillantes, y es un músico al que escucho frecuentemente cuando trabajo frente al ordenador, sus famosas grabaciones de las Variaciones Goldberg, pero no solamente. Este cómic, Una vida a contratiempo, intenta ser una biografía no – lineal del fascinante músico. Quizá sea una buena lectura próximamente.


La España vacía, de Sergio del Molino: Me gusta ver documentales y leer ensayos que me hagan pensar en realidades que normalmente escapan a mi entorno de intereses directos. ¿La España rural como tema fascinante? Todo lo que he leído y oído sobre este libro es buenísimo, y llevo meses detrás de conseguirlo en la biblioteca, pero siempre está prestado. Leo con interés artículos de Sergio del Molino, y agradezco sus intervenciones de este último año en el programa La cultureta de Onda Cero, cuyos podcasts sigo semanalmente. Me gusta cómo se explica y dónde posa su mirada y su palabra, sus matices, y creo que su recorrido por la España que se ha ido vaciando, otra de las Españas derrotadas de las últimas décadas, puede ser un libro interesante para leer, revisar y pensar.


Mondadori acaba de sacar La parte soñada, la segunda parte de la trilogía que Rodrigo Fresán nos promete a sus lectores. Fresán hablaba una vez en un artículo de que el novelista, cuando se encierra a escribir, debe decir adiós a su familia por un tiempo, porque va a desaparecer. El lector entregado a su hipnótica prosa debe decirle algo así a los otros libros. Leí La parte inventada cuando salió en 2014, y espero leer pronto este y leer en el futuro La parte recordada, fin de su trilogía. Rodrigo Fresán ha ido creando desde principios de los años 90 una obra personal, muy potente, que renuncia a la trama en nombre de la forma, que vuelve una y otra vez a unos pocos motivos básicos, como las variaciones musicales. Me planteo hacerme con esta nueva novela aunque también pienso que quizá, cuando se publique la tercera parte, Mondadori decida hacer algún estuche especial, y prefiera acceder a él. Así que quizá seguiré esperando a que esté libre en las bibliotecas que frecuento.


Ya hablaba el año pasado de esta edición en Acantilado de Simenon. Me interesa Georges Simenon. He leído desde hace muchos años decenas de sus novelas, de las de Maigret y de las que no están protagonizadas por el famoso inspector. Simenon siempre es un narrador eficaz y poco exhibicionista. Discreto, directo, sus historias suelen funcionar y siempre meten el dedo en alguna llaga relacionada con la hipocresía. Este libro, Pedigrí, es el más personal de Simenon. Son unas memorias, por lo que he leído sobre él, no protagonizadas directamente por él sino por un niño y luego joven belga que fue niño y joven en tiempos parecidos al propio autor, lo que ha hecho que siempre se considere que es el material más autobiográfico que nunca escribió.


Sigo pensando que merece la pena acercarse a los Cuentos Completos de algunos autores y tomar en perspectiva su escritura y su labor, viendo constantes y evoluciones. En los últimos años he leído los de J.G., Ballard, Gabriel García Márquez, Flannery O´Connor, I.B. Singer, Bernard Malamud, Fogwill, Tobias Wolff, E.L. Doctorow, Robert Louis Stevenson y Edgar Allan Poe, y no sé si me estoy olvidando de alguno. Tengo algunas colecciones completas empezadas, como las de Juan Carlos Onetti y Richard Matheson. Este año tengo apuntadas las colecciones de Shirley Jackson y Cynthia Ozick. Hace años leí El aliento del cielo, recopilación de Carson McCullers que me encantó, y no sé si con motivo de su centenario la habrán reeditado. También tengo en mente los relatos completos de Vladimir Nabokov, que quizá sean mi primera adquisición ya que están en bolsillo.


Hablaba en las últimas semanas, dentro de las novelas de mi vida, del Cuarteto de Red Riding de David Peace. Lo leí hace unos 4 años de la biblioteca, y son libros con los que cuesta dar, y al ser cuatro obras juntas, quizá el ahorro del Día del Libro haga que me lo plantee como compra cara que es.








Tejidos y novedades, de Cristina Grande: Me gustan los cuentos. A veces me gusta leer cuentos que se parezcan a los que escribo, como si esos autores me dieran la razón, y otras veces prefiero leer cuentos totalmente distintos, como quien va de viaje a un país exótico. Mis propios cuentos derivan cada vez más hacia los cuentos que se van hacia las 20 páginas. Me fascinan, por incapacidad propia, los autores que en 2 – 3 páginas dibujan relatos completos. Me repatean los microrelatos que no son más que ocurrencias, por el contrario. Kafka o Etgar Keret son maestros en el cuento realmente corto. De Cristina Grande solo he podido leer su novela Naturaleza infiel, que me gustó mucho, y en los pocos relatos de la autora que he podido leer (en antologías, en alguna revista, en webs) he detectado esa chispa que algunos tienen y que hace que en 2 páginas quepa una versión del mundo. Esta edición recopila sus dos primeros libros de cuentos, Dirección noche y La novia parapente, que hace años busqué sin resultado por las librerías de Madrid. Quizá ahora me los traiga a casa.


Puesto que me gustan los cuentos, como ya he dicho, soy consciente de la deuda que como autor y lector tengo con Las mil y una noches, recopilación oriental de la que han bebido y beben prácticamente todos los relatos de la historia. Tengo en casa una selección de cuentos de Las mil y una noches de Alianza, y una vieja edición más o menos completa, que heredé de casa de mi abuelo. Demasiado frágil para que no me duela abrirla por el riesgo a romperla, y con una traducción demasiado arcaica. Quizá también sea el momento de ir buscando una edición completa que ir leyendo, o de buscar una primera edición, bien escrita e ilustrada, para niños, para el que fui y fue conociendo los cuentos, y para el pequeño que tengo en casa, para ir llenándole la cabeza de pájaros.

Seguiremos leyendo. Comprad con moderación y no olvidéis visitar las bibliotecas.
Felices lecturas
Sr. E

viernes, 22 de abril de 2016

Libros para el Día del Libro

Algunos libros para el Día del Libro


Llego a la semana del Libro terminando mi relectura de “Pastoral americana”, de Philip Roth y “Las aventuras del valeroso soldado Schwejk”, de Jaroslav Hasek. 


Tengo lecturas pendientes (siempre las tenemos, por eso entre otros motivos este blog se llama así), y libros que quiero releer, y dos bibliotecas con sus estanterías llenas de libros para prestarme, pero aún así, año tras año, caigo en las trampas comerciales relacionadas con los libros, y acabo regalándome alguna cosa en estos días señalados por sus ventas y sus actos. Hace años que renuncié a entrar a firmas atestadas y a conferencias que huelen a material reciclado de otros años (también porque desconfío profundamente de todos estos actos organizados desde el poder, porque creo que el número de intermediarios entre los libros y los lectores debe ser el mínimo, y sobre todo porque no creo que nadie vaya a lanzarse a leer porque se lo recomienden los consejeros y concejales de cultura correspondientes), pero no soy capaz de privarme de la compra de algún libro sobre el que estampo mi firma y el día y el año en que ha sido comprado. En los últimos años cayeron en días parecidos libros tan importantes para mí como La trilogía involuntaria de Levrero, los Cuentos escogidos de Fogwill y Tobias Wolff o los Cuentos completos de J. G. Ballard. Como este año el día del libro me cogerá fuera, de camino a recoger un premio que los amigos de la Universidad Popular Helénides de Salamina de Cáceres me han concedido por mi relato “Olvidando Dublín”, he adelantado la carta a los Reyes de los Libros, y voy a darme un paseo temprano por librerías que aún estarán a medio gas. Aparte de algunos regalos para otras personas, tengo en mente (otra cosa será luego lo que la cartera y la mala conciencia permitan) valorar la compra de:

Pedigrí, de George Simenon: Me interesa Simenon. He leído desde hace muchos años decenas de sus novelas, de las de Maigret y de las que no están protagonizadas por el famoso inspector. Simenon siempre es un narrador eficaz y poco exhibicionista. Discreto, directo, sus historias suelen funcionar y siempre meten el dedo en alguna llaga relacionada con la hipocresía. Este libro, Pedigrí, es el más personal de Simenon. Son unas memorias, por lo que he leído sobre él, no protagonizadas directamente por él sino por un niño y luego joven belga que fue niño y joven en tiempos parecidos al propio autor, lo que ha hecho que siempre se considere que es el material más autobiográfico que nunca escribió.


El origen de la tristeza, de Pablo Ramos: He leído por encima en la biblioteca los dos primeros tomos de la trilogía de Pablo Ramos que ha editado Malpaso. Y quiero empezar a leerla con más calma, porque me parecen libros con poso, con un buen narrador detrás. Son historias de un barrio de Buenos Aires, narradas en este primer volumen desde la perspectiva de un niño que va dejando de serlo con el transcurrir de las páginas. Son tres historias que se suceden y que van dibujando la vida. Uno de los escritores argentinos a los que Fogwill recomendaba en sus últimos años era a Pablo Ramos, a quien consideraba un narrador de raza, apartado de manierismos. Y Fogwill era bastante más dado a las fobias que a las filias, lo que me lleva a no perder de vista su opinión.


El adversario, de Emmanuel Carrère: Disfruté mucho de Limónov hace un par de años, y sé que leí El adversario en algún momento hace seis, siete años, pero también sé que en aquel momento no significó demasiado para mí. El año pasado por estas fechas me compré De vidas ajenas, a la que por su temática dura y amarga aún no me he acercado. En los últimos meses varios lectores capaces me han recomendado encarecidamente El adversario, así que he decidido comprarme la edición en bolsillo para que me acompañe en las próximas semanas en mis viajes en metro. También me planteo buscar El reino, su último libro, no diremos novela porque parece que Carrère ha dicho que renuncia definitivamente a dicho género y piensa profundizar en esa mezcla de memoria, ensayo y géneros de no – ficción que domina.


Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James: De las novedades de lo que va de 2.016 creo que este es el libro que más me llama la atención. Es la novela que ganó el Premio Booker en 2.015, y narra, a partir del tiroteo contra Bob Marley en 1.976, las últimas décadas de la vida social y política en Jamaica. Lo cual incluye, por supuesto, rasta faris, drogas, mafias locales, políticos corruptos, bandas enfrentadas, la influencia de las potencias extranjeras, y la CIA. Las reseñas que he leído hablan del magisterio del Bolaño de Los detectives salvajes, pero la verdad es que a lo que más me recuerda una historia de novela negra con connotaciones políticas y agencias de inteligencia extranjeras metiendo mano ha sido a El poder del perro, una novela muy reivindicable de Don Winslow, en la que comentaba hace poco con un amigo que había aprendido por ejemplo el origen del término república bananera.


Cuentos reunidos, de Paul Bowles: He hablado hace poco de los cuentos de Bowles como muy influyentes en mi determinación de lanzarme a escribir y de explorar el mundo del relato. El libro que originalmente tuve de Bowles lo perdí en alguna mudanza, o me lo olvidaría alguna vez en algún autobús o tren de cercanías. Desde hace años me da la sensación de que Bowles está casi desaparecido de las librerías. Y nadie lo recomienda, nadie lo lee, no ha influido a nadie, y yo recuerdo que sus relatos, brumosos, completaron junto con la lectura inicial de Carver y Bolaño mi primera conexión con el mundo del relato. Por sorpresa, me he encontrado con esta nueva edición de Alfaguara, que intentaré llevarme a casa.


Canadá, de Richard Ford: Leí Canadá hace un par de años, cuando salió, tomándola prestada de la biblioteca. Ahora que ha salido en bolsillo creo que es el momento de hacerme con ella para mi colección y releerla en los próximos meses. Canadá fue lo mejor que leí aquel año, y por una vez coincidió con la opinión de Babelia y otros suplementos culturales con los que es raro coincidir. No he encontrado en las novelas de Frank Bascombe la magnificencia que otros ven, pero Canadá me hipnotizó. Pertenece a esa clase de novelas que se la juegan dinamitando la trama desde la primera línea. En la primera página el narrador ya te ha resumido todo lo que va a suceder, y a partir de entonces va a contártelo, y ahí es donde entra la potencia del escritor para lograr mantenerte en vilo al otro lado de la página. Es una apuesta muy arriesgada que pocos escritores pueden mantener sin perderla.

Por supuesto, también voy a salir con los ojos bien abiertos a la búsqueda de sorpresas inesperadas, nuevas ediciones en bolsillo, clásicos reeditados, etc. Comentaremos nuevas lecturas próximamente.

Comprad con moderación y leed sin mesura.
Y haced de todos los días un buen día del libro.
Sr. E.