domingo, 3 de diciembre de 2017

Cómo Obélix se cayó en la marmita del druida cuando era pequeño, de Goscinny y Uderzo

Cómo Obélix se cayó en la marmita del druida cuando era pequeño, de René Goscinny y Albert Uderzo (Salvat)

Mi hijo mayor, de 4 años, entró el verano pasado en el mundo de las aventuras de Astérix y Obélix. Ya habíamos visto en un cine de verano la (excelente) película La residencia de los dioses, y habíamos construido alguna vez a los galos y a los romanos con las piezas de construcción para simular sus batallas. Pero fue al abrir mi viejo ejemplar de Astérix el galo cuando cayó de verdad atrapado en ese mundo. Lo leímos unas mil veces y casi cada semana estamos yendo a la biblioteca a renovar un ejemplar de la colección.

Para mí ha sido una vuelta a la infancia también, en la que los cómics de Astérix y de Tintín fueron una presencia y una compañía bastante continua. He tratado de releer a Tintín en los últimos años y las historias han pasado por mí dejando poco poso, pero debo reconocer que en mis relectura adulta de Astérix estoy encontrando cantidad de matices en los guiones de Goscinny, tanto en los referentes culturales de distintos niveles, a la historia, literatura, cultura y tópicos de cada lugar, como en la construcción narrativa de las aventuras. Goscinny falleció en 1977, y la serie se inició el 1959, y siguen siendo frescos y atractivos.

Se ha señalado ya muchas veces que el fallecimiento de René Goscinny cierra la etapa canónica (con 24 álbumes) de las aventuras de Astérix. Albert Uderzo, el dibujante original, guionizó unos cuantos más que no alcanzaban esa magia, y otros autores están intentando mantenerlo con vida hoy en día. No los he leído así que no sé con qué éxito (he leído por ejemplo los últimos Corto Maltés, tras Hugo Pratt, y son muy buenos).

Me he mantenido bastante al margen del boom de la novela gráfica, como ahora se suele llamar a los cómics en las páginas de cultura, entrando y reconociendo grandes muestras de talento, pero me parece que hay una cierta inflación de las llamadas a admirar obras maestras y una cierta necesidad de los lectores de cómic de elevar sus gustos a la categoría de alta cultura, como ha pasado en gran medida con las series de TV. Ningún medio produce 10 o 12 o 15 obras maestras al año, tampoco el cine lo ha hecho nunca, ni la literatura.

Sin desviarme más, compré el mes pasado este cuento (porque es más un cuento ilustrado que un cómic), que nos lleva a conocer uno de los mitos fundacionales del universo Astérix, cómo Obélix llegó a ser superfuerte y ya no pudo volver a consumir poción mágica, uno de los leitmotivs de sus intervenciones en las historias (junto con: ¿quién es el gordo? O ¡Están locos estos romanos!). Todos sabemos que Obélix se cayó de pequeño a la marmita de poción mágica (y supongo que se habrá señalado muchas veces la similitud con el baño de inmortalidad que su madre dio a Aquiles, haciéndolo invulnerable, salvo en el talón por el que lo agarraba).

Cómo Obélix se cayó en la marmita del druida cuando era pequeño es un relato corto de tono infantil que Goscinny escribió en 1966, siete años después del inicio de la saga, y que Uderzo ilustró a finales de los años 80 (siendo la primera edición del libro de 1989). Es una bonita historia que nos muestra a Astérix y Obélix de niños, compañeros de colegio, con un Obélix bonachón, sensible, soñador y muy alejado de su imagen de amante de las peleas, un miedoso con el que todos se metían y al que solo defendía Astérix.

Ese pequeño Astérix piensa en darle poción a Obélix para que pueda defenderse, y mientras se cuelan en la cabaña del druida Panorámix hay un pequeño accidente que hace que Obélix acabe dentro de la marmita de poción y se la beba entera. Y ya todos conocemos lo que vino después. Es una historia muy tierna y debo reconocer que también me ha hecho valorar en su justa medida a Albert Uderzo, que se recrea en ilustraciones mucho más amplias que las que una viñeta permite (aquí cada dibujo ocupa una página) y consigue un acabado muy detallista y lleno de calidez, como por ejemplo aquí.


Es un libro perfecto para redescubrir a Astérix, y quizá un regalo estupendo para los niños en futuras fechas.

Seguiremos leyendo

Felices lecturas


Sr. E

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