Dos
ensayos para aprender y divertirse: Cronometrados, de Simon
Garfield (Taurus) e Historia alternativa del siglo XX, de John
Higgs (Taurus)

He
leído recientemente dos de estos libros, uno detrás del que llevaba
un par de años (Cronometrados) y otro que apareció a mi paso
en la biblioteca y también decidí coger (Historia alternativa
del siglo XX). Crometrados, cuyo título completo es
Cronometrados: Cómo la humanidad se obsesionó con el tiempo,
es un libro que recorre, desde un punto de vista histórico –
filosófico, el proceso por el que el tiempo, su medida (incluyendo
sus instrumentos de medida), sus consideraciones, consecuencias,
relaciones con todos los aspectos de la vida, fueron ganando
importancia, realmente, visto como se ve en el libro, en un periodo
corto y muy reciente, en poco más de siglo y medio. Una de las cosas
que vemos en el libro es que fue necesaria la aparición de sistemas
nacionales de ferrocarriles en Reino Unido y Francia para que se
comprendiera que hacía falta que la hora fuera única y la misma
(imaginemos que la hora oficial fuese distinta en la ciudad de
partida y de llegada de un viaje, eso pasaba, ya que la hora oficial
en cada ciudad dependía del reloj de la iglesia primero y luego del
ayuntamiento).
El
libro está escrito al modo de una recopilación de artículos y
pequeños estudios, lo que hace que algunos sean más redondos que
otros, además de que a cada lector le interesen más unos aspectos u
otros. Garfield se mueve con soltura por los aspectos científicos
del tiempo, y enriquece sus capítulos con anécdotas que a veces son
muy divertidas. Lo más divertido, como siempre en estas cuestiones,
son los conspiradores que se oponen a lo inevitable, por ejemplo
aquellos que se oponen a los cambios de año y (todavía hoy en día)
intentan que no llegue el año siguiente, y cada 1 de enero intentan
boicotearlo. El tiempo es una clave en los biorritmos y en la música,
por ejemplo, y tienen sus respectivos capítulos. También son muy
valiosas las reflexiones que Garfield hace sobre el aprovechamiento
del tiempo, algo que en principio es un bien pero que si se mira
desde otras ópticas nos puede hacernos preguntarnos: ¿aprovechar
mejor el tiempo, para qué? Porque en general, quienes nos sugieren
que aprovechemos mejor el tiempo lo hacen para que podamos dedicar
aún más tiempo al trabajo y a la productividad. Garfield ha leído
y nos resume decenas de libros sobre aprovechamiento del tiempo (que
por definición son incoherentes), que aparte de consejos que pueden
ser útiles (las famosas listas, priorizar las tareas …) sugieren
por ejemplo reducir las amistades. Vemos el extremo del Soylent,
una comida en polvo, que se prepara en un vaso de agua y se toma en
un minuto y que en teoría (y puede que incluso sea cierto, aunque
como bien dice Garfield no se sabe nada de sus efectos a largo plazo)
contiene todos los nutrientes necesarios. Quienes lo idearon (y
quienes idearon otras marcas alternativas) defienden que se ahorran
unas dos horas diarias en cocinar, comer y limpiar después. ¿Nos
imaginamos un mundo en el que la gente quede con sus amigos para
tomarse un vaso de esos preparados? Es otra pregunta que nos lanza el
autor.

Los
dos libros comienzan (o prácticamente comienzan) con una misma
anécdota, el atentado que se produjo el 15 de febrero de 1894 (ya se
sabe que el siglo XX es un estado de ánimo, y no tiene por qué
empezar exactamente en una fecha correcta) contra el observatorio de
Greenwich, a donde el anarquista francés (y como bien dice Higgs no
confundamos lo que significaba ser anarquista en el siglo XIX con lo
que pueda significar hoy) Martial Bourdin acudió con una bomba que
le explotó antes de llegar, causándole la muerte. Es un atentado
que nunca se entendió del todo (¿contra el tiempo? ¿contra la
uniformidad, al modo de un atentado que prefigurara los movimientos
anti – globalización de finales del siglo XX?) y que inspiró la
novela El agente secreto, de Joseph Conrad, que me dieron
muchas ganas de leer a partir de estos libros. No es la única
coincidencia entre ambos textos, ya que el tiempo, su concepción y
el valor que le damos (o que no le damos) ha cambiado mucho durante
el siglo XX y lo que llevamos del XXI.
Son
dos libros que entretienen, acompañan, nos enganchan y nos enseñan
algo. ¿Qué más le pedimos a una buena lectura veraniega?
Seguiremos leyendo
Felices lecturas
Sr. E
No hay comentarios:
Publicar un comentario