lunes, 16 de septiembre de 2019

Las chicas, de Emma Cline


Las chicas, de Emma Cline (Anagrama)

Este verano, el de Érase una vez en Hollywood de Tarantino y la segunda temporada de Mindhunter de David Fincher, se han cumplido 50 años de la terrible matanza que cometieron Charles Manson y su llamada familia. No es casualidad, por lo tanto, que ambas obras fueran estrenadas este pasado mes de agosto. Aparte de otras muchas virtudes (y unos cuantos defectos), salí del cine contento tras ver la película de Tarantino al ver que aunque fuera en esa ficción, la luminosa Sharon Tate a la que interpreta Margot Robbie se salvaba gracias a la inesperada actuación de dos secundarios de la industria del cine. La historia real, como bien se sabe, no da pie ni a una pequeña sonrisa.

Las chicas, de Emma Cline, mira a aquellas chicas que se unieron a Manson a finales de los sesenta y lo siguieron hasta el abismo, pero un poco más allá mira en general a cualquier chica a mitad de la adolescencia que se siente incomprendida, sola, distinta y con ganas de experimentar. Lo que aquella California sesentera les daba fue un marco y una oportunidad, pero las inquietudes ya estaban. Y siguen estando. Creo que esa es la gran virtud de la novela, la universalidad de los sentimientos de curiosidad y fragilidad que se combinan en la protagonista adolescente, Evie, y lo bien que lo cuenta.

La novela se mueve entre dos tiempos, el presente, en el que Evie es una mujer de mediana edad que pasa unos días en casa de un viejo amigo, y aquel año 1969 en el que Evie tiene catorce años y una situación en casa que no le gusta demasiado, sola con su madre, que después de haber sido abandonada por el padre de Evie trata de recolocarse en la vida, está conociendo a otros hombres, dejándose llevar por cualquier moda, obsesionada por cuidarse, seguramente por primera vez en la vida, después de haberse dedicado antes a su marido y a su hija. Evie no se siente cómoda con esa madre, con los novios que trae (un desfile de quieroynopuedos de camisas demasiado ajustadas que la miran y juzgan en una sucesión de cenas que son de las más logradas del libro, en las que sientes como propio el desagrado de Evie). Tiene una amiga íntima, su amiga de siempre, de la que siente que se está distanciando desde hace un tiempo. Su amiga es demasiado perfecta y Evie empieza a ver que no quiere seguir cierto camino de perfección para las chicas.

Evie empieza a fijarse en otra clase de chicas, en otra clase de perfección. En una perfección luminosa, despreocupada, carnal. Paseando por el parque Evie ve al principio a un grupo de chicas de pelo larguísimo y aura resplandeciente. Van andando como si fueran las reinas del mundo, las protagonistas de una película realmente interesante, no como la vida de todas las chicas a las que Evie ha conocido hasta entonces. Una de ellas, en la que primero se ha fijado, se saca un pecho y lo saca al sol, y las demás se ríen. Evie queda impactada con la imagen. Las volverá a ver cogiendo comida de los contenedores, tan contentas, y se encontrará otra vez con la chica que primero le llamó la atención, Suzanne, en un supermercado, donde les comprará algo para su grupo (aunque Evie les dirá que lo ha robado). Cuando vuelvan a encontrarse, se irá con ellas hasta la granja en la que viven, muchas de esas chicas, jóvenes, jovencísimas, libres, todas bellas a los ojos de Evie, con un tal Russell, trasunto de Charles Manson, una especie de músico de personalidad magnética y mirada penetrante, capaz de ver la debilidad en el interior de las chicas. Será la primera visita de Evie a aquel grupo, Russell tendrá relaciones sexuales con ella por primera vez, y volverá a casa sintiendo que su vida ha cambiado.

Desde entonces vivirá cada vez más con el grupo de las chicas, y se dará cuenta de que la distancia con su madre ya era tan grande que podía pasar días y noches fuera sin que ella la eche en falta. Evie se va implicando más en la complicada y turbia atmósfera de ese grupo, que se convertirá en el centro de su mundo aunque ella siempre mantendrá cierta lucidez, nunca dejará de extrañarse por ciertos pasos que las demás dan sin cuestionárselos, aunque ella, en general, pese a que se los cuestione, también los da.

Evie habla en algún momento, desde el futuro de la Evie de catorce años, desde nuestro presente, de una superviviente de una catástrofe. Del estado de shock y de lo difícil que es mantener la lucidez bajo ciertas condiciones ambientales. Al principio de la novela el hijo de su amigo, un veinteañero, y su novia, al conocerla, le preguntan si ella fue la chica que estuvo en la secta. Y después le dicen que en internet no sale su nombre. Ni en los libros. Y eso dibuja su lugar, una chica que se quedó en un lateral contemplando, dentro pero sin caer del todo dentro de los mandatos de Russell.

Este Russell, por cierto, aparece como un manipulador, que busca a chicas débiles e inseguras. Un depredador sexual, también, pero por lo que se puede leer a poco que se eche un ojo a todo lo publicado sobre Manson, la novela de Emma Cline, que tampoco pretende ser un documento histórico, que es una historia con evidentes paralelismos pero nada más, nos ahorra los detalles más escabrosos, y no termina de enseñar las monstruosidades que Manson y sus chicas hicieron, y cómo llegaron a ese punto. Me gusta que la novela no se convierta en ningún momento en un libro sobre este sosias de Manson, que Evie y las chicas, que para eso le dan título, nunca dejen de ser las protagonistas.

Cuando se publicó Las chicas en 2016 desconfié del libro, lo reconozco, y por eso he tardado tres años en leerlo. Vino envuelto en todas las exageraciones de libro de la temporada, el libro más esperado del año, una nueva autora que nos va a sorprender, etcétera. No entiendo los mecanismos comerciales e industriales del mundo editorial con detalle, no sé qué hace que se precontraten dos años antes de que el libro como tal exista decenas de traducciones, se compren los derechos cinematográficos, cuando se trata de la primera novela de una autora de veinticinco años. Seguiré desconfiando de esos éxitos precocinados. Las chicas es, pese a que sí tiene algunos rasgos de libro precocinado, una novela de fórmula, un buen libro. Una historia ágil, bien escrita, que emociona en algunas páginas, pero que tampoco es una maravilla.

Seguiremos leyendo

Felices lecturas

Sr. E

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