sábado, 21 de noviembre de 2015

Desórdenes, Premio Manuel Llano de Cuentos 2015

Ayer se anunciaron los fallos de las tres modalidades de los Premios Literarios que convoca el Gobierno de Cantabria. Mi colección Desórdenes ha sido la premiada en la modalidad de Cuento (que realmente premia libros de cuentos).



Desórdenes está compuesto por 8 relatos que habían ido quedando fuera de otros proyectos en los últimos años y en los que encontré, releyéndolos, dinámicas y puntos en común. Desubicación, sueños que no llegaron a cumplirse, pasados que no es fácil dejar atrás, futuros inciertos. Secretos y desórdenes. Por eso acabé quedándome con ese título, porque me parecía el que mejor resumía su espíritu.

Srebrenica es el relato más reciente y quizá al único que reconozco en una primera revisión como cercano. También Maratón, que estuvo en una versión primigenia y más destilada de lo que acabó siendo Beber durante el embarazo, mi primer libro. Los demás son relatos que ya tienen algunos años, y me permitirán, una vez publicados, enfrentarme a ese espejo roto que separa al escritor que actualmente somos del que fuimos. El escritor que los escribió hace en algunos casos 5 o 6 años aún comparte rasgos conmigo, y me interesa. Creo que el camino del escritor, al menos durante lo que tópicamente se llaman años de formación (no sé si es posible tomarse en serio la escritura y la lectura y no considerar que siempre estaremos formándonos) incluye la evolución, y esta es necesaria e inevitable, pero esta debe ser siempre desde la coherencia. Creo que el Pablo Escudero Abenza de hoy no escribiría estos 8 relatos, o no todos, o no de la misma manera, pero es el resultado de aquel.

A algunos de los relatos, particularmente a Cultura pop y Una sombra amiga les tengo un gran cariño. Supongo que los que escriben entenderán mejor el concepto de que un autor le tiene a veces un especial aprecio a relatos que quizá no son los más redondos que ha escrito pero con los que mantiene una ligazón más fuerte (por contra a veces otros relatos que todos nos alaban y técnicamente pueden ser mucho más redondos nos dejan más fríos). Son relatos, tanto estos dos como Maratón, que no entraron en mi colección Beber durante el embarazo porque repetían temas en unos casos o porque no encajaban de manera coherente (a mi parecer) en el conjunto, pero no porque pensara que hubieran desmerecido el libro por nivel. Me alegro de que se me dé la posibilidad de verlos publicados.

A la espera de que en los próximos meses se edite el libro (ya iré anunciando fechas), os dejo aquí una breve sinopsis de cada uno de los relatos que lo componen.

Srebrenica: Historia intimista que transita de la memoria personal a la colectiva. Srebrenica es el nombre de una ciudad para siempre ligada a una tremenda matanza. Srebrenica es también el nombre de una solitaria chica bosnia cuya vida se cruza en Canadá durante uno de esos absurdos cursos de inglés con la soledad de un desorientado treintañero, obsesionado desde la adolescencia con la Guerra de los Balcanes.

Hamburgo: Hamburgo es la historia de un novelista frustrado, enamorado de dos hermanas, o de sus sombras, atrapado a su vez por la sombra de su propio hermano mayor, de la que nunca ha sabido apartarse. Hamburgo es la ciudad a la que va a parar, y desde la que escribe sin esperanza, poseído por todos los libros que podía haber escrito y no escribió, recorriendo la sugerente historia de la Física en el siglo XX, yendo y viniendo de aquellos ensayos nucleares en Albuquerque, preguntándose qué quedó de aquellas mentes privilegiadas después del Proyecto Manhattan.

Casas sin libros: Hay dos tipos de personas, suele decirse siempre: Las que escriben y las que no. Las que tienen sus casas llenas de libros y las que contemplan sin dificultad sus paredes vacías. Resacoso y desorientado, un escritor sin éxito se despierta en casa de una chica a la que no recuerda de la noche anterior. Como alguien que llega a un planeta alienígena, mientras admira su belleza y comparte con ella un desayuno, reflexiona sobre la vida que ha elegido, sobre la existencia de otras vidas, para él tan improbables como la vida en Marte, otras vidas en otras casas, como esa, habitadas por el silencio de ideas de las casas sin libros.

Fantasmas: Los fantasmas del título de este relato son particularmente esos seres que salen al fondo de las fotografías, desenfocados, como relleno de los recuerdos de nuestras vidas. ¿Cuántos fantasmas no se habrán cruzado por nuestras vidas sin habernos preocupado? ¿De cuántos amigos del colegio nos hemos olvidado? ¿Estará ya muerto aquel tío que venía a casa a tocar la guitarra y que olía a cadáver hermoso? ¿En cuántas vidas posibles no somos más que modestos fantasmas, seres desdibujados sin ningún relieve? El relato juega con las casualidades, reflexiona sobre las oportunidades que se escaparon, inventa pasados y futuros, y lo relaciona con la necesidad de la ficción y sus trucos de magia.

Maratón: La prueba del maratón como metáfora de lo inútil de la vida. Nadar para morir en la orilla. Reventar como Filípides después de anunciar una victoria, la única que importó. Ser olvidado. Maratón es una historia de desesperación y paternidad. A veces la gente se quiebra. Después de tocar fondo, después de uno de esos acontecimientos que parecen no tener posibilidad de continuación, quedan pocas alternativas. El protagonista de esta historia ha elegido correr después de su caída al abismo. Ha abandonado totalmente su vieja vida y ahora trata de mantener la cabeza vacía mientas corre, día tras día, kilómetro a kilómetro, obsesionándome más y más con las contracciones y elongaciones de sus músculos, mientras prepara su primera maratón, a la vez que su primer hijo, el hijo que ya nunca será suyo, nace en otra ciudad.

Cultura pop: Tratar de revivir algunos momentos de la vida debería estar prohibido. Por más que nos empeñemos en volver a ciertos paisajes, pasajes, cuerpos, libros o canciones, ya nunca volverán a tener su sabor primigenio. ¿Qué queda en un profesor de lengua cuarentón del joven adolescente que soñaba con ser escritor y una vez ganó un concurso que le llevó a pensar que sus sueños podían tener algo de realidad? ¿Poco? ¿Nada? La continua repetición de la tragedia como farsa. Pero decide intentarlo. Volver a la capital. Volver a enfrentarse a los fracasos literarios y vitales. Tratar de recuperar un romance apenas esbozado a los diecisiete. Cerrar los ojos y pedir un deseo. El relato es a la vez un reflejo indirecto y deformado de una de las primeras entregas de premios a las que asistí, con 23 años, en un ambiente lujoso en el que no acabé de encontrarme cómodo, y plantea el tema de la subversión del canon, presentando autores a los que se alaba sólo por su juventud, sin entrar en su calidad, reflejado de manera especial en una escena (de tono onírico - fantástico) en el que unos camareros que son clones de Jorge Luis Borges sirven a diez niñatos a los que tratan como si fueran la gran esperanza del planeta Letras. Una de las escenas de las que sigo estando más orgulloso mucho tiempo después de haberla escrito.

Una sombra amiga: El relato parte de un personaje con el que a priori no deberíamos empatizar: Un hombre que no tiene demasiado que hacer y empieza a colarse en la casa de una chica en la que se ha fijado casualmente en el metro una mañana. La presencia de un desconocido en casa cuando la dejamos sola puede parecer una pesadilla. Saber que hay un desconocido que registra nuestros cajones, toca nuestros libros, se sienta en nuestro sofá, bebe nuestro café y ve nuestra televisión nos remueve por dentro. Pero quizá hay personas para las que esa sombra se convierte en una referencia, en una amiga que esperan que acuda a diario, a cuidarlas en la distancia. Poco a poco vamos descubriendo, con la lectura parcial de la realidad que hace quien se cuela y mira, la historia de un juguete roto, una niña famosa condenada a muerte por el olvido y la enfermedad.

Vértigo: Vértigo es mi homenaje a El silencio de un hombre, de J. P. Melville. El protagonista del relato, aunque se dice detective, no es más que un asesino a sueldo. Pero intenta ser algo más que un vulgar asesino y reflexiona sobre el sentido de la vida y de la muerte. Pocos saben tanto de la vida como quienes administran su muerte. Y tienen mucho que callar. Después de un tiempo alejado de su actividad, tanto que quizá había llegado a creer que lo había dejado, recibe un encargo. Seguir a alguien hasta Nueva York tópico, oscuro y lleno de hamburgueserías tras cuyos cristales llueve, y matarlo en una habitación de hotel. Su única ayuda en la misión se la proporcionará una adolescente de mirada opaca y oscuro pasado, que servirá de cebo para atraer a la víctima. El relato es un relato negro canónico, dentro de lo canónico que me gusta ser. Para complicarlo todo un poco, toma forma de juego metaliterario, ya que el protagonista es un personaje de novela al que los autores recurren cuando quieren un asesinato, que debe salir de las páginas de las historias para llevar a cabo un trabajo real. Y que además descubre, cuando quizá es demasiado tarde, que el autor que lo ha contratado es probablemente la misma persona a la que debe matar.

Espero que os apetezca acercaros a leerlos cuando estén disponibles.

Sr. E

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